29 de enero de 2017
29.01.2017
ANÁLISIS

¿Qué puede aportar Orellana al Valencia?

El chileno puede desequilibrar como extremo y también de mediapunta

29.01.2017 | 18:06
¿Qué puede aportar Orellana al Valencia?

Con 31 años recién cumplidos y camino de las nueve temporadas completas en el fútbol español, Fabián Orellana no deja lugar a las dudas: es una apuesta de rendimiento inmediato. Es una cara absolutamente reconocible en LaLiga. Mediapunta, extremo o segundo delantero, el chileno enriquecerá las opciones en la línea de creación. Puede dar un salto de calidad en la banda derecha y puede ser ese centrocampista con pase definitivo y capacidad para operar entre líneas que tanto se ha echado de menos. No es un manso. Ha tenido problemas con Sampaoli y Luis Enrique. El último conflicto con Berizzo ha difundido el lado más oscuro de su carácter, pero enchufado y limpio de pensamientos negativos debe encajar de inmediato. El chileno no advierte el temido ´proceso de adaptación´ de otros refuerzos. Cambiará Vigo por Valencia, Balaídos por Mestalla y Berizzo por Voro. Su posición y sus funciones no serán muy diferentes. Si supera el salto –que existe– entre los dos clubes, la oportunidad está destinada a tomar forma de éxito.

El Orellana de las últimas tres temporadas son palabras mayores. Con Berizzo y en plena madurez ha dado un paso más en su evolución. Así, el atacante que enlazaba desde la banda ha tomado forma de referencia creativa esencial. Todavía mantiene virtudes claras como extremo, pero como mediapunta es un generador de peligro determinante. Todas sus maniobras tiene un sentido: desestabilizar al adversario, establecer líneas de pase nuevas, ofrecer apoyos o proyectar a sus compañeros en ataque. "Cuanto más tocaba el balón, mejor jugaba el Celta", insisten desde Vigo. Los números apoyan la afirmación. Pese a los problemas físicos que ha arrastrado y la tensión con Berizzo, el chileno es el número uno del Celta en regates buenos por partido (1,9 de media), sólo Wass supera la precisión de sus centros y dejará el equipo como el líder en pases clave por partido (1,9).

Orellana marca la diferencia por su forma de interpretar el juego, sus movimientos, su calidad para tejer sociedades y aparecer entre líneas. Ofrece soluciones sencillas en situaciones complejas. Lo hace fácil, que es lo más difícil. En ese sentido, su estilo puede ayudar a potenciar el colectivo. El circuito interior tendría un socio creativo más para Parejo y Carlos Soler. Los delanteros tendrían un pasador concreto. Y la banda derecha un especialista. Todo mejoraría. Orellana está destinado a cerrar la banda derecha, la zona que más dudas ha dejado en estos partidos de Voro, pese al empeño de Munir. Montoya ha dado un paso al frente, pero Cancelo se ha diluido. El chileno parte desde la banda, despega y aparece por posciones intermedias para conectar con todos. Esa proyección como interior también servirá para lanzar a Montoya o Cancelo.

Físicamente no es sinónimo de potencia, electricidad, despliegue e intensidad. Es un jugador lígero y –sobre todo– rápido para pensar y ejecutar. Tampoco es un derroche de técnica individual, pero domina el balón con soltura. Es escurridizo. Eso le permite ser un regateador solvente y un centrador sólido. Orellana es ideal para el juego combinativo –ha aprendido a manejar el tempo– y también interpreta el ataque rápido con autoridad porque sabe acelerar y es incisivo. El chileno es un atacante vivo, astunto y puzante. Si encuentra espacios, actúa sobre ellos. Recibe de espaldas y descarga, gira de golpe y toma todo el frente del ataque de un vistazo. Entre las piezas tácticas de Berizzo, el pequeño chileno era el jugador con más libertad, pero está acostumbrado a la marca indibvidual y la presión sostenida sin balón. La defensa no es lo suyo. No es un jugador perfecto. Parece claro que le falta gol... tiene un buen golpeo de media distancia, pero no es un depredador. Con más pólvora y un volumen mayor en asistencias no sería opción para el Valencia. Pese a todo, Voro puede heredar a la mejor versión posible de Orellana, por madurez... pese al carácter.

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