26 de julio de 2018
26.07.2018

La historia de Kangin Lee

Sus padres y sus dos hermanas dejaron todo en su país para cumplir el sueño de un niño de diez años

26.07.2018 | 15:52
La historia de Kangin Lee
La historia de Kangin Lee

"El Valencia es casi mi vida". Era la conmovedora confesión de Kangin Lee a su llegada a Crans-Montana. El joven surcoreano lo dijo con la ilusión de saber que estaba a punto de cumplir su gran sueño de debutar en el primer equipo y la emoción de recordar todo el sacrificio y sudor que derramó su familia desde que era un niño para que llegara este día. El 24 de julio siempre estará marcado en rojo en el calendario de la familia Lee. El pequeño Kangin debutó contra el Lausanne suizo a sus 17 años convirtiéndose en el primer jugador asiático de la historia centenaria del primer equipo del club. Un premio más que merecido para una familia que lo dejó todo en Corea del Sur para viajar al otro lado del mundo y cumplir el sueño futbolístico de su hijo pequeño. Viajaron sin saber ni un palabra de español. Su padre, su madre y sus dos hermanas mayores cambiaron de vida solo por Kangin. Creyeron en su fútbol y lucharon por los sueños de un niño de diez años. Esos que el martes comenzaron a hacerse realidad. Esos que siempre le recordaran a la familia Lee que la vida puede ser maravillosa.

Cinco añitos tenía Kangin -19 de febrero de 2001- cuando comenzó a jugar a fútbol en su pueblo. Como en Corea del Sur no había competición oficial a esa edad, se apuntó al equipo de su colegio. Llamó tanto la atención que convencieron a la familia para que se apuntara a un 'reality' de televisión que vieron millones de espectadores de su país. Ganó el equipo de Kangin y el premio fue una visita con su madre a Mánchester para rodar un anuncio junto al mítico exjugador del United Park Ji-sung. Kangin se dio a conocer y aquella experiencia marcó a la familia. Por primera vez sintieron que lo de niño iba en serio.

Kangin y otro chico de diez años viajaron a València en busca de una prueba. Los dos se presentaron en València sin hablar castellano ni inglés. La primera persona que les recibió fue Xavi Mocholí, entonces coordinador del Fútbol-7 del Valencia y ahora técnico de La Masia del Barça. La barrera del idioma fue tan grande en esa primera conversación que Kangin hizo la prueba por equivocación con la generación de 2000. Allí estaban Ferran Torres, Abel Ruiz, Víctor Chust o Hugo Guillamón. Tenía un año menos, pero no se notó. Solo hizo falta que entrara en contacto con el balón un par de veces para darse cuenta de que era un jugador especial. Sorprendió su talento y desparpajo, pero sobre todo su personalidad. «Las pedía todas y ya metía el cuerpo y el codito», recuerdan. Mocholí no tuvo dudas. El club algunas más. No había subvención y sí miedo a fichar a un coreano con diez años. Era el mes de junio. Después de una serie de reuniones y opiniones dispares se le comunicó al padre que la única posibilidad de firmar a Kangin era que toda su familia emigrara hasta València. Más concretamente a Puçol. Allí tenía una casa y un colegio esperándole. El Valencia sabía que estaba pidiendo algo imposible. Por eso lo daban por perdido. Una semana después sonó el teléfono en Paterna. Era papá Lee. "Nos vamos a vivir a València". La familia lo dejaba todo por el sueño de su hijo de jugar en el Valencia. Era la gran apuesta de sus vidas.

Y así fue cómo el Valencia fichó a Kangin. "Como un niño más de Puçol". Años más tarde la UEFA investigaría el fichaje. Todo estaba en regla. Los primeros años no fueron fáciles para Kangin y su familia. El esfuerzo que estaban haciendo por su hijo era encomiable. El surcoreano campaba por Paterna con el teléfomo móvil en la mano para traducir todo aquello que quería decir. "Déjalo, porque así no te vas a adaptar nunca", le decían cariñosamente. Kangin, como siempre, hizo caso. Su disciplina era y es casi militar. Forma parte de su cultura. Muchos de esos valores se los inculcó la práctica del taekwondo. Desde pequeñito fue al gimnasio. Su potente tren inferior es la prueba. También fue estricto en el colegio. Cursó la ESO sin repetir ninguna asignatura. Un día que le llamaron la atención por no hacer los deberes y apareció su padre con un montón de cuadernillos en la mano rellenados por su hijo. Sus dos hermanas estudian actualmente y una de ellas, la mediana, fue durante mucho tiempo la traductora de la familia. Y es que, la formación siempre fue importante en casa de los Lee.


De Brunete hasta Toulon

Kangin cumplía en las aulas y maravillaba en el césped con un talento y, sobre todo, una personalidad fuera de lo normal. No todos los niños de diez años soportan el peso de 'mantener' a una familia. Porque aunque era muy joven, ya era consciente de todo lo que había hecho su familia por él. Su carácter le ayudó a tomárselo, no como presión, si no como una motivación más. Así fue creciendo categoría a categoría. Su proyección era meteórica. Sus siete temporadas en el Valencia se cuentan por éxitos. Despegó en el Alevín C. Al año siguiente dio el salto Alevín A llevando al equipo a la final de torneo nacional de Brunete. Perdió contra el Barça, pero ya dejó muestras de su potencial. Aquel año firmó su primer contrato de ayuda con Martín Vila. 250 euros al mes para costear gasolina y demás. Una temporada después explotó en el Infantil B coincidiendo con su estreno en el Fútbol-11. "Su fútbol todavía se potencia con más espacios. El Fútbol-8 se le quedaba pequeño", decían. Aquellas Navidades fue la sensación de Arona. Ganó el trofeo de máximo goleador y no se atrevieron a darle el de mejor jugador porque era un competición "de niños". Repartieron los premios. Los propios organizadores lo admitieron. Su proyección era ya imparable.

El coreano crecía a la velocidad de la luz y comenzaba a tener novias. Los grandes de España y del fútbol internacional llamaban a su puerta. Rufete apostó fuerte y firmó la primera gran renovación hasta juvenil de primer año. Se exhibió en el Infantil A consiguiendo el récord histórico de puntuación en Liga Autonómica junto a Nabil. Empataron el primer partido y ganaron el resto. Todavía más increíble fue la temporada siguiente. Ambos dieron el salto al Cadete Fundación y volvieron a hacer historia conquistando la tercera plaza y proclamándose subcampeones de España con la Valenciana Sub-16.

El año siguiente marcó un punto de inflexión en su carrera. José Ramón Alexanko incomprensiblemente frenaba su progresión. No quería jugadores con edades inferiores a sus categorías y obligó a Kangin a repetir en Liga Autonómica, esta vez como jugador del Cadete A. Fueron meses complicados para su familia. El Valencia de Alexanko no apostaba por sus promesas. "Sin prisa", decía el entonces director de la Academia. Se durmió tanto que Nabil -cumplía 16 años el 1 de febrero- acabó marchándose al Manchester City. Solo así despertó Alexanko. Kangin cumplía los 16 años el 19 de febrero. Solo 15 días después. Si llega a ser al revés, posiblemente Kangin estaría ahora fuera del Valencia. La suerte que tuvo Alexanko es que Kangin y su familia siempre quisieron triunfar en el Valencia. El coreano firmaba una renovación hasta junio de 2019 para salir del paso que tarde o temprano debería ser revisada. El canterano no estaba blindado. Tenía una peligrosa cláusula de solo 8 millones. Mientras tanto, Kangin iba dejando en evidencia en el campo al responsable de la Academia. El verano pasado fue nombrado el mejor jugador del COTIF con el Juvenil, debutó en la selección Sub-19 de su país en la fase de clasificación de la Copa de Asia, dio el salto al Mestalla desde el 1 de enero y acabó convertido en titular con Miguel Grau. Se estrenó con gol en el filial y, algo todavía más importante para él, comenzó a convertirse en un habitual en los entrenamientos de Marcelino. El técnico se enamoró de él desde el primer día y se mojó a la hora de apoyar su renovación. Antes, Kangin fue elegido cuarto mejor jugador de Torneo de Toulon. Los escaparates se multiplicaban al mismo tiempo que la necesidad de blindarlo. Mateu Alemany tomó cartas en el asunto y renovó al canterano con un contrato hasta el 30 de junio de 2022, con una cláusula prohibitiva de 80 'kilos' y el premio de la pretemporada.

El destino del número '34'

El martes debutó con el '34' a la espalda. El mismo que llevó en el 'talent show' de su país cuando soñaba con debutar en el fútbol de élite. Casualidades del destino. Se estrenó en la demarcación de segundo delantero. En la que le gusta a Marcelino. Kangin creció durante los últimos siete años en Paterna jugando de '8' y sobre todo de '10'. Marcelino lo ve arriba dentro de su 4-4-2 por su llegada y ya se ha puesto manos a la obra para pulirlo. El coreano, que ha promediado un registro de 15/20 goles por temporada en la escuela, demostró en sus primeros veinte minutos todo su abanico de recursos. Mucha clase en la izquierda, visión de juego privilegiada, desparpajo para combinar y atrevimiento para golpear al balón. Un jugador especial dentro del campo, que lo será más a medida que madure física y mentalmente, y fuera. Su valor va más allá del verde. Kangin es el elegido para seguir potenciando la expansión comercial en el mercado asiático. A sus 17 años es todo un símbolo mediático en Corea del Sur. Sus seguidores en Instagram crecen de forma vertiginosa y, por ejemplo, el vídeo de su debut alcanzaba casi las 300.000 visualizaciones en Youtube en menos de 24 horas. Seguro que entre ellas estaban las de sus padres y sus dos hermanas. Después de tanto esfuerzo y sacrificio, ha llegado la hora de disfrutar. La familia de sangre y la valencianista se frota las manos. Kangin es una mina.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook