01 de diciembre de 2018
01.12.2018
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REAL MADRID - VALENCIA

Problema de entrenador en el Real Madrid

La misión de Solari: levantar al equipo y dar sentido al proyecto tras la salida de Zidane y Cristiano

01.12.2018 | 13:45
Problema de entrenador en el Real Madrid

La temporada 2017/18 terminó para el Real Madrid con la tercera Champions consecutiva, pero con dos golpes radicales: la marcha de Zinedine Zidane y la despedida –después consumada– de Cristiano Ronaldo. Dos ganadores imprescindibles; el líder respetado y el instinto depredador. El día del adiós de Zizou, la cara de circunstancias de Florentino Pérez fue el anunció de lo que ha sucedido después. Zidane se marchó advirtiendo que la plantilla necesitaba un impulso potente y expresó la dificultad de seguir ganando en esas condiciones bajo su mandato. Volcados en las grandes noches europeas, la plantilla ya había demostrado su incapacidad para competir en escenarios como Ipurua, por ejemplo. El statu quo establecido necesitaba ser agitado, cuestión que no se ha producido. La confianza en los grandes campeones pudo más que la evidencia. Las cinco derrotas sufridas en estas 13 primeras jornadas no dejan lugar a las dudas. El Real Madrid no ha tirado LaLiga todavía únicamente por la igualdad o la irregularidad del campeonato.

El gran error subrayado por un sector de la crítica está en haber menospreciado el valor de Cristiano. El defecto es grave porque la plantilla ya había avisado de su falta de gol galopante la temporada pasada, incluso con el portugués. La cuestión no admite debate, aunque sí algún matiz. Sin Cristiano, el Madrid ha perdido –sobre todo– capacidad para intimidar. Los arquitectos de Florentino confiaron la misión a Gareth Bale, estrella en la final de Kiev ante el Liverpool. Se asumieron los riesgos con la esperanza de que Bale diera un paso al frente como líder, Benzema ayudase a sumar más goles y talentos como Asensio e Isco explotaran definitivamente. El diseño del plan tenía cierta lógica y alguna tara.


El crédito de Florentino

Florentino no ha cambiado, es el presidente que ha construido un equipo de leyenda, capaz de ganar cuatro Champions en cinco años. La plantilla es mejorable, pero el once base es el mismo, con Bale o Marco Asensio en lugar de Ronaldo. En su estrategia sólo hay un borrón: Kylian Mbappé, pero fue el delantero quien prefirió el PSG al Madrid. No se vio preparado para quebrar la BBC.

En la casa blanca entienden que no hay mejores futbolistas que Carvajal, Varane, Ramos, Marcelo, Casemiro o Kroos en su posición. En un mercado donde cualquier jugador de talento se dispara por encima de los 100 millones, los responsables deportivos han preferido apostar por el futuro: Ceballos, Odriozola, Vinícius y Rodrygo subrayan la política. El camino exige paciencia y tiempo, dos valores incompatibles en el ecosistema que rodea a la institución. Courtois (35 millones, 26 años) se fichó por la oportunidad y la intención de mejorar a Keylor. Mariano, para doblar la delantera. El problema de diseño está en el abismo entre titulares y suplentes, por umbral de rendimiento máximo y por estatus. La competencia interna está dormida. Eso refuerza el acomodamiento, la falta de intensidad, ese déficit de hambre y energía competitiva que falta en el día a día y se siente después en el campo. Esa parte fundamental y no es cuestión exclusiva del nivel de los suplentes, la clave la tiene el entrenador también. Obvio que no es lo mismo tener a Pepe, Nacho, Kovacic, James, Lucas, Isco, Morata y Asensio apretando por entrar en el once (la fórmula dio un doblete, pero el gobierno era imposible hasta para Zidane), sin embargo, la cadena está pensada desde la promoción y el reconocimiento: Nacho por Pepe, Asensio por James, Mayoral por Morata, Ceballos por Kovacic y Vinícius como promesa. La sentencia de los resultados no deja dudas, hay un cortocircuito. El equipo es peor y los cracks están más viejos.

Cuando un futbolista –tres o cuatro– están lejos de su mejor versión es un problema individual, pero cuando afecta a una mayoría es una cuestión de entrenador. El gran defecto está en el banquillo. Falta un killer que muerda, pero el gran vacío está en el banquillo. Marcelino generó ese efecto efervescente para el Valencia la temporada pasada: nuevos líderes, nuevo método, nueva pizarra, nueva motivación y ruptura. Florentino era consciente de la estrella de Zidane y del problema, pero midió todavía peor que con Cristiano. Tras el «no» del Tottenham por Mauricio Pochettino y el compromiso de Massimiliano Allegri con la Juve o de Joachim Löw con Alemania, fue a parar a Lopetegui, que nunca fue su entrenador. Debió apostar fuerte por la figura que debía dar sentido a su proyecto. La revolución y la clave están en el entrenador. Santiago Solari lo tiene más difícil que Zidane.

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