08 de enero de 2020
08.01.2020
SUPERCOPA

Apuesta por el deporte en el Reino del Desierto

El objetivo es ser centro de grandes eventos en Oriente Medio

08.01.2020 | 11:49
Apuesta por el deporte en el Reino del Desierto

Desigualdades y oportunidades. Contradicciones, por un lado. Por otro, energía nueva. La Supercopa 2019/20 concentra a los cuatro mejores equipos de la última temporada en España, garantiza más ingresos y multiplica el espectáculo. Claro que la diferencia en el reparto de los premios es una vergüenza, claro que habrá dos invitados no campeones y claro que hubiera sido más romántico celebrar esta final a cuatro en una o dos capitales españolas, tan claro como que sin la participación de Real Madrid y Atlético o sin la apuesta fuerte de Arabia Saudí por organizar este tipo de eventos, la competición valdría mucho menos. Sólo la continuidad en tiempo y forma darán credibilidad auténtica al formato. Las cuatro plazas también significan abrir la lucha por un título, aunque se haya perdido el duelo clásico del campeón de Copa contra el campeón de Liga. Pros y contras.

Uno de los focos principales de la polémica ha sido y sigue siendo la sede: Arabia Saudí, monarquía absoluta cuya legislación está basada en la ley islámica, célebre por su segregación sexual, implacable con cualquier oposición interna y externa, con pena de muerte (ejecuciones son públicas y por decapitación), donde hay policía religiosa y la violación de los derechos humanos es sistemática. El mismo país que, sin tanto debate moral, está organizando el Rally Dakar por primera vez. La Supercopa del doble rasero y de la doble moral, del fuego cruzado, una vez más, entre LaLiga y la Federación.



Tenis, golf, boxeo, Supercoppa

El catálogo de eventos deportivos de relevancia que los saudíes están organizando es amplio. Sólo en 2019 han disfrutado de un gran premio de Fórmula E (competición de monoplazas eléctricos), el amistoso Brasil-Argentina, el Saudi International con algunos de los mejores golfistas del mundo e integrado en el European Tour, la lucha libre (WWE) –con participación de estrellas femeninas, con el cuerpo cubierto después de faltar en la edición de 2018– o el combate por el título mundial de pesos pesados de boxeo entre Andy Ruiz Jr. y Anthony Joshua, el histótico Choque de las Dunas. También han celebrado la Diriyah Tennis Cup, torneo de exhibición al que no han acudido, por ahora, Rafa Nadal, Federer o Djokovic. Pesa el dilema negocio-ética.

Hace un año, la Supercoppa italiana ya se disputó en Yeda, en el estadio de la Ciudad Deportiva del Rey Abdullah (Juve-Milan, 1-0). El pasado 22 de diciembre, el duelo entre los campeones del Calcio fue en Riad, Estadio de la Universidad Rey Saúd. La Lazio (1-3) derrotó a la Juve. El acuerdo Arabia Saudí con la Lega se pactó en tres ediciones a razón de 22,5 millones de euros en total. Como ha insistido Luis Rubiales, la Supercopa de España es el torneo corto que más ingresos garantiza, 40 millones entre fijos y variables. El Valencia tiene 2,5 asegurados (Madrid y Barça tienen 6,8 millones). La Supercopa de Europa, por ejemplo, asegura 3,5 millones para los finalistas y un millón adicional para el campeón.

Lavado de cara y oportunidad

Las mujeres tendrán acceso libre a los tres partidos, sin restricción de sector. Como también sucedió en la Supercoppa. Un pasito más tras la experiencia de 2018, cuando la grada se repartió entre hombres y mujeres, que fueron destinadas a las zonas más alejadas o de peor visibilidad, siempre acompañadas por un hombre. Arabia Saudí ha entrado de lleno a competir con Catar y Emiratos Árabes Unidos en la organización de grandes eventos deportivos. Hace un mes, la federación saudí de golf confirmó su primer torneo profesional femenino. Sin embargo, para los especialistas en Oriente Medio se trata de una operación de blanqueamiento.

Al mando del proyecto está Mohamed bin Salmán (34 años), hijo predilecto y heredero al trono saudí. Entre encuentros con famosos, propiedades de lujo en Francia, yates y otros menesteres su energía está puesta en Saudi Vision 2030 cuya intención es establecer la industria del ocio como un componente clave de la economía nacional, Riad en el eje de Oriente Medio, tres de sus ciudades entre las 100 capitales del mundo (Diriyah es patrimonio mundial de la Unesco) y 15 economía del mundo. Arabia Saudí ha abierto sus puertas al mundo con la idea de propulsar el turismo, la creación de empleo y el crecimiento económico. La bocanada de aire fresco era obligatoria, pero sigue generando dudas.

El lado oscuro de la reforma

Crecen los rascacielos, los centros comerciales, los hoteles, incluso las discotecas (sin alcohol) y se apuesta por las infraestructuras de vanguardia, pero cuestiones básicas en democracia siguen quedando a años luz, quedan a muchos kilómetros de evolución. El Reino del Desierto está en efervescencia, pero las reformas no han tocado la estructura de poder que mantiene a las mujeres saudíes como ciudadanas de segunda. Ahora pueden conducir, viajar al extranjero sin el permiso del marido (del padre o hermano) si son mayores de 21 años, están mejor preparadas para entrar en el mercado laboral, el divorcio y la custodia de los hijos más equitativos, ya no están separadas en los espacios públicos... Efectivamete parece poco, pero las personalidades más optimistas advierten un cambio real cuando hace un lustro el sistema era propio de la Edad Media. También hay ejemplos femeninos que resultan modelo e inspiración. China o Catar tampoco son espejos de libertad y hasta allí han llegado o van a llegar los Juegos Olímpicos o el Mundial.

La apuesta saudí no es garantía de estabilidad nacional e internaiconal. Como ministro de Defensa – Mohamed bin Salmán– impulsó la intervención armada en el conflicto de Yemen en 2015 y se vinculan sus tentáculos con el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Justo cuando los líderes mundiales buscan soluciones para la crisis climática, Aramco –empresa estatal de petróleo y gas– se convierte en la compañía más valiosa del mundo, la que más ha contribuido a las emisiones de gases de efecto invernadero en las cinco últimas décadas. El tiempo juzgará a Bin Salmán, si sus decisiones son de cartón piedra o son los primeros pasos de un camino.

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