16 de septiembre de 2020
16.09.2020
Superdeporte
EL 'RELEVO' DE ADURIZ

El trabajo detrás de la puesta en escena de Manu Vallejo

El delantero ha afinado su físico · Tiene la confianza del míster · Su rol está claro y juega para el equipo

16.09.2020 | 11:52
El '21' demostró ante el Levante que tiene gol y tiene un rol.

Apunte de Opta: Manu Vallejo es el primer jugador español que marca un doblete en Liga para el Valencia CF desde Aritz Aduriz (mayo de 2012, ante Osasuna). El dato insiste en el valor de su impacto en el Derbi, manifiesto, porque firmó el 3-2 y el 4-2 en los últimos veinte minutos. Una vez más, el gaditano desparramó energía, intensidad y colmillo. Una vez más, Manu Vallejo insistió en que conviene no subestimarle porque tiene más cualidades de las que parece. El chiclanero queda como uno de los grandes protagonista de la primera victoria 2020/21. Detrás de los goles hay un trabajo; esta primera jornada de explosión es fruto del sacrificio de un chaval que lleva currando en silencio mucho tiempo. Lo complicado –seguir sumando– viene ahora, pero Manu ha arrancado demostrando que tiene gol y que tiene un rol, como revulsivo.

Javi Gracia siempre lo ha tenido claro con el delantero: lo quería y lo quiere en plantilla, pese al punto imprevisible del mercado valencianista. Manu Vallejo cuadra en la idea de fútbol del míster por acción, por mentalidad, por carrera y por versatilidad también. El chiclanero es una esponja. El contexto de exigencia del cuerpo técnico le viene bien y le va a hacerse sentirse importante. La temporada pasada ya hizo evidente su capacidad para revolucionar partidos; el debut del domingo le sirvió para perseverar en esa dirección.

El camino a la titularidad

Ya tiene un rol. La cuestión tiene una enorme importancia estratégica. Ese papel le puede proporcinar una base para participar con regularidad y crecer. La función de agitador es el paso inicial para atacar el segundo escalón: la titularidad. Obvio que el objetivo es entrar en el once, pero tener peso en la rotación y consolidarse como primer cambio ofensivo es clave. La etiqueta de jugador número doce está destinada a evolucionar desde el rendimiento, desde el gol, apretando, cambiando dinámicas. Con continuidad y con confianza –que la tiene– puede ser un jugador principal. El ideal está en tener esos quince partidos seguidos para poder destaparse. Manu lo tiene claro. El delantero sabe donde está y eso es esencial; es consciente del peso de la camiseta que defiende y valora al máximo cada estación. Esa ilusión se traduce en pasión y en entrega, por eso han encajado tan bien en el equipo y tiene la estima de Mestalla. El 21 es consciente de que le faltan más partidos como el Derbi para afianzarse.

Un chaval carismático

El delantero tiene el handicap de la trayectoria: llegó al Valencia después de una temporada en el Cádiz, en Segunda. Tocó la Sub-21, pero con 21 años estaba pelenado en el filial cadista, en Tercera División, donde era diferencial. No ha sido un jugador de ascenso rápido a la élite. Malo (por cartel) y bueno. Eso le ha permitido ganar en sencillez, naturalidad y frescura. Es muy virgen en ese sentido y lo vive, desparrama ilusión. Asalta un debut constante. Cuestión que explica el carácter de su fútbol. Manu es un plus por perfil personal. Toxicidad cero. Es de poco quejarse. Por eso, genera un ambiente positivo en el vestuario. Es el típico compañero por el que todos se alegran cuando llega una noche como la del Derbi.

Si el equipo produce, dará gol

El contexto abierto del Valencia-Levante le benefició, pero también reflejó el año de maduración que vivió la temporada pasada. Manu se ha afilado (en el apartado físico), ha trabajado ese punto ideal entre peso y potencia decisivo para marcar la diferencia al máximo nivel, donde cada detalle desequilibra la balanza. Está más rápido y más fuerte, piensa y ejecuta a más velocidad, está más fluido a nivel mental. Se encuentra mejor y los resultados han alimentado el circuito; está más seguro de sí mismo. Manu tiene pierna, tiene un tren inferior fuerte de base y esa virtud le proporciona velocidad y resistencia, capacidad para repetir esfuerzos.

Vallejo no tiene un acabado elegante, pero engaña. Su paleta de recursos es abundante. No sólo es ímpetu. Tiene técnica y tiene instinto. Si pisa área te mata, como demostró ante Aitor, donde definió de maravilla: control orientado para eliminar a un rival en el punto de penalti y disparo raso ajustado al palo largo, todo potencia en busca de la escuadra para remachar el balón al palo de Maxi. Tres disparos, dos goles. La temporada pasada hizo dos goles... en ocho remates, en 412 minutos, en su estreno en Primera. Advierte un nivel de eficacia interesante. Celades le utilizó casi siempre arrancando desde la izquierda, como hizo con éxito en el filial de Cádiz. Álvaro Cervera lo lanzó en Segunda desde esa posición, pero encontró su mejor versión moviéndose por todo el frente del ataque, detrás de un nueve clásico como Dejan Lekic.

La pareja de Maxi Gómez

Es un segundo punta de manual, como ha detectado Javi Gracia, ideal para mezclar con una referencia tipo Maxi Gómez. En la recta final del Valencia-Levante quedó reflejado. El 3-2 es un golazo, con ese pase ciego del uruguayo dejándola pasar, intuyendo la aparición del gaditano. Lo complicado pareció fácil. La marcha de Rodrigo ha abierto la puerta a la competencia. Kang In funcionó y es la apuesta –fuerte– para acompañar a Maxi, pero Vallejo tiene otras cualidades, tiene rol y una intención, sumar

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