05 de diciembre de 2020
05.12.2020
Superdeporte
LALIGA

La trampa de Eibar exige unión

El vestuario es consciente de que no puede caer en errores pasados si quiere sumar los tres puntos en Ipurua

06.12.2020 | 00:01
La trampa de Eibar exige unión

"La temporada pasada nos marcaron en el minuto quince y no hubo manera de levantar el partido". Y el gol del Eibar lo marcó Kondogbia en propia puerta. Es una reflexión que corre estos días por el vestuario del Valencia CF. ¿Qué hay detrás de ella? Básicamente la certeza de que los futbolistas saben que el encuentro de mañana lunes, deportivamente hablando, es una trampa. Porque Ipurua es un estadio pequeño, cierto que sin público tiene menos de ratonera, y porque el Eibar sabe adaptarse perfectamente a él. Su receta es básica pero eficaz porque lleva años permitiéndole conseguir el objetivo de mantenerse en primera división: juego directo, muchos balones al área y especial atención a las segundas jugadas. Como el Alavés, los armeros son unos maestros en las segundas jugadas.

La receta del Eibar es tan básica y efectiva como básica y efectiva es la receta que la contrarresta: concentración durante todo el partido y juego en equipo. Si el Valencia CF de Javi Gracia es capaz de igualar la intensidad y entrega de los vascos, la lógica dice que saldrá a relucir su mayor calidad. Como todo en la vida y también en el fútbol, hay cosas que es más fácil decirlas que hacerlas y esta es una de ellas, y este Valencia CF ya está en el terreno de decir poco y demostrar mucho. Por ello ahora el trabajo que se hace es silencioso. Como silenciosa fue por ejemplo la reunión que mantuvo el técnico Javi Gracia con los embajadores del club, Arias, Bossio y Tendillo. Tan silenciosas como las múltiples reuniones internas que se llevan produciendo en el club de manera intensa y claramente intencionadas en las últimas semanas. Es evidente que en el fútbol solo vale ganar y que todo servirá de poco o para nada si el equipo no encadena varias victorias consecutivas, pero tan evidente que ni las victorias ni las derrotas son casuales. Normalmente, detrás de unas hay buen trabajo y detrás de las otras la nada.

La catarsis en el equipo durante el verano fue de órdago y tras ello llegó la crisis de los fichajes que tuvo su máximo esplendor en las reiteradas ruedas de prensa en que Javi Gracia lamentaba una situación que no esperaba no porque no fue eso lo que le dijeron. Fueron días en los que la distancia entre los despachos de las oficinas de Micer Mascó y los de la Ciudad Deportiva se agigantó hasta alcanzar dimensiones tan surrealistas que el técnico se veía obligado a decir que no hablaba con el presidente en pleno proceso de mercado de fichajes ni en el hotel de concentración de Vigo. Dantesco. Tanto, que días después el entrenador se plantó en las lejanas oficinas para presentar su dimisión. Aquello ha cauterizado más de lo que desde fuera se puede apreciar y en ese sentido, la salida de Kondogbia supuso el punto de inflexión definitivo en el club y en el vestuario. El entrenador habló de estabilidad porque ya sabemos los que somos, y con el paso del tiempo ha asumido el papel que se espera de él: el gestor de un equipo que empieza de cero. Gracia es ahora más que nunca el entrenador del Valencia CF, y eso es algo que hace unas semanas no se podía decir tan abiertamente.

La patita de Guedes

La imagen del cambio y del nuevo rumbo son los nuevos capitanes. De los antiguos queda Jaume, que sigue siendo el pegamento del vestuario, ahora la bandera a lleva José Luis Gayà, futbolista que está llamado a marcar una época si las autoridades no lo impiden, y Carlos Soler y Gabriel Paulista ejercen de fieles escuderos con los que siempre se puede contar, sin olvidar a Daniel Wass. Al carro se han subido tipos como Maxi Gómez, Toni Lato y Uros Racic a quienes el hambre de gloria se les cae por los bolsillos y en él esperan al que posiblemente sea el futbolista con mayor capacidad para ganar partidos del equipo, el portugués Gonçalo Guedes, que tras dos partidos de castigo, parece haber empezado a asomar la patita por debajo de la puerta. En común tienen que están unidos y que tienen el respaldo del club, y no es poca cosa porque la temporada pasada, sin unión y sin respaldo de un club caótico en todo su esplendor, un puñado de buenos futbolistas terminó arrastrándose en el campeonato de liga. Dicen en que hace más quien quiere que quien puede y si los jugadores del Valencia CF quieren reivindicar tal afirmación, tienen en Eibar el día perfecto para hacerlo. Querer es poder.

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