28 de febrero de 2021
28.02.2021
Superdeporte
GABINETE DE CRISIS

Auténtico papelón en Paterna

Con el Valencia hecho una lágrima, el presidente regresa a la escena tras su viaje a Singapur. Ahora el gabinete de crisis no puede ser telemático.

28.02.2021 | 23:07
Auténtico papelón en Paterna

Hubo un tiempo lejano en el que imperaba la costumbre de que en Paterna hubiese misa, gabinete de crisis o bronca después de cada descalabro. Sin embargo, desde entonces la autoridad se ha ido diluyendo al tiempo que las derrotas críticas se repiten cada vez con mayor asiduidad. La inacción posterior al naufragio en Valdebebas, cuando al regreso del equipo al trabajo no pasó absolutamente nada, terminó por precipitar una videoconferencia a toro pasado entre los capitanes y Anil Murthy mientras el presidente cumplía con su cuarentena para entrar a Singapur. Hoy, a su vuelta de un viaje en principio personal que se ha demostrado como una excusa para entrevistarse con Peter Lim, no hay motivos para que el gabinete de crisis después de la derrota en Getafe no se produzca de manera presencial en vez de telemática. Con el equipo hecho trizas y a cinco puntos del descenso que ahora marca el Alavés, la previsión es una nueva reunión con el entrenador y los jugadores. Nada realmente que pueda cambiar las cosas, pero una gestión de carácter ordinario en cualquier otro club deportivo envuelto en un momento tan caótico. Que vaya a servir para algo es harina de otro costal, si bien no están las cosas para escurrir el bulto, menos aún cuando en la maleta se supone que Murthy trae órdenes directas del propietario. Unas tienen que ver seguro con el futuro del estadio y de la propiedad en sí, pero otras también con la realidad deportiva y las enormes dudas sobre un proyecto que parece finiquitado sin estar aún confirmado el mínimo de la salvación.

Javi GRACIA

En el ojo del huracán de manera permanente, cada nueva derrota pone al entrenador más en la picota si cabe. La situación de Gracia es una de las más paradigmáticas del nivel de desorientación que se está viviendo. Después de no aceptarle la dimisión, Lim no ha encontrado ninguna salida tras demostrarse que mantenerlo en contra de su voluntad fue tanto un error como una continua fuente de conflictos que no le ha traído nada bueno al equipo. La continuidad del técnico, incapaz de haber enlazado dos victorias y sin un patrón de juego, solo se explica desde un criterio económico, sobre todo a la espera de la próxima ventana para finiquitarlo sin asumir todo el coste de su contrato.

Sin embargo, el peligro del descenso y las señales inequívocas que apuntan a la conveniencia de un relevo en el banquillo mantienen la puerta abierta en este momento a cualquier posibilidad, incluida la de que sea otro técnico quien se acabe poniendo al timón. Más allá de la derrota, la imagen del equipo en el Coliseum fue paupérrima y bastantes de las razones apuntaron a la gestión del entrenador, desde la alineación a los cambios pasando por la ausencia de un plan de partido, tanto antes como después de la expulsión.

Proyecto

El nivel de desafección provocado por un proyecto deportivo de mínimos es el otro eje sobre el que gira el plazo medio del club. Ninguno de los fichajes del mercado de invierno está entrando en dinámica más allá de hacerlo puntualmente. Todo apunta a que las bases de la próxima temporada no van a ser muy distintas a las de la actual, sobre todo mientras persista la incertidumbre económica por la pandemia del Covid-19, el argumento al que Lim se ha agarrado para justificar el empobrecimiento al que ha sometido a la plantilla.

Más allá de las soluciones a plazo corto para revertir la dinámica del equipo, este es sin duda uno de los puntos claves que van a marcar las próximas semanas.

A expensas de asegurar la permanencia, esta ha sido una temporada perdida, marcada por la desinversión y la falta de rumbo deportivo. A pesar de la labor de Corona como secretario técnico, la última palabra en materia deportiva la ha tenido el presidente. Un cambio en el modus operandi que no tiene visos de marcha atrás, lo mismo que la política de bajo coste en fichajes. Todo eso, además, con la renovación de Kang In todavía pendiente, a la espera de que el coreano cambie de postura en función de que lo convenzan con minutos.

Por todo lo demás, al proyecto actual no se le adivina ningún recorrido más allá de asegurar la salvación cuanto antes. Cada oportunidad para convertirla en un punto de inflexión ha acabado siendo sinónimo de fracaso. Las lágrimas de Paulista el sábado fueron sintomáticas de la necesidad de un cambio de chip del todo radical.

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