España es el único país de la UE que aún no ha traspuesto la Directiva 59/2013/EURATOM, que obliga a todos los estados miembros a medir y controlar el radón en viviendas, colegios, edificios públicos, lugares de trabajo, etc. Hace cuatro años y medio, el 6 de febrero de 2018, prescribió el plazo máximo para poner en marcha un Plan Nacional contra el Radón. En este contexto se ha celebrado el II Congreso Nacional de Radón, organizado por la iniciativa Vive sin radón del Instituto para la Salud Geoambiental, y en el que han participado una docena de expertos y técnicos de primer nivel sobre la problemática de este gas radiactivo.

A lo largo de los dos días que ha durado el congreso se han abordado distintos aspectos relativos al radón, clasificado como carcinógeno grupo 1 por la OMS hace ya 34 años y reconocido como la segunda causa de cáncer de pulmón por detrás del tabaco, incluso en personas que nunca han fumado.

Para José Miguel Rodríguez, director del Instituto para la Salud Geoambiental, “el radón es un problema de salud pública, muy desconocido por la población general pero que puede tener consecuencias gravísimas para las personas expuestas a él. Y eso pese a que es totalmente evitable. Bastaría, como primer paso, que el Gobierno divulgara activamente la existencia del problema y las posibles soluciones existentes, pero no lo hace. Ni legislan, ni informan. Y de ahí nuestra iniciativa privada Vive sin radón y la organización de este congreso por segundo año consecutivo”, explicó.

Inhalación de gas radón Agencias

El radón se produce de forma natural en el subsuelo, principalmente en zonas graníticas, desde donde se evapora a la atmósfera. Amplias zonas de España tienen esta problemática, como Galicia, Extremadura o las sierras de Guadarrama y Gredos, en Madrid. Al aire libre se diluye y no supone ningún riesgo, pero cuando se filtra al interior de los inmuebles a través de pequeñas grietas en sótanos y cimientos, se acumula en el aire, poniendo en peligro la salud de las personas que allí viven o trabajan. Cada año mueren más de 1.500 personas en España por cáncer de pulmón atribuible al radón, según detalló Alberto Ruano, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de Santiago de Compostela.

No hay un nivel seguro de exposición al radón

En el congreso, Ruano explicó que hay un riesgo significativo de desarrollar cáncer de pulmón cuando hay una exposición a radón en concentraciones superiores a 50 Bq/m3 (becquerelios por metro cúbico), y que ese riesgo en personas fumadoras es mayor, “porque se produce una sinergia aditiva a partir de 148 Bq/m3”. Sin embargo, el valor de referencia sobre radón establecido por la directiva 59/2013/EURATOM es de 300 Bq/m3, “aunque hay países europeos que, al trasponer esta directiva, han decidido fijar sus niveles de referencia en 100 o 200 Bq/m3 para proteger mejor a sus ciudadanos”, detalla José Luis Gutiérrez Villanueva, especialista en mediciones de radón en el laboratorio sueco Radonova. La OMS, por su parte, rebaja el nivel de referencia en 100 Bq/m3 para incidir en la protección de la salud.

Zonas con mayor presencia de gas radón en España CSN

Sea como sea, todos los participantes en este congreso han coincidido en que no existe un nivel de radón al que sea seguro exponerse. El riesgo de desarrollar cáncer de pulmón debido al radón se incrementa un 16% por cada 100 Bq/m3 de exposición, según subrayaron tanto Elío como Ruano. “Hay una relación lineal y estadísticamente significativa entre la concentración de radón y el cáncer de pulmón”, explicó el catedrático de la Universidad de Santiago. De hecho, según este último experto, “hay estudios que relacionan una mayor exposición al radón con una menor supervivencia al cáncer de pulmón, tanto a los 3 como a los 5 años del diagnóstico”.

Mapas para planificar políticas públicas de prevención

Para estudiar la posible presencia de radón en una zona y predecir los posibles niveles de riesgo, la herramienta más utilizada son los mapas de radón, como los que elaboran el Consejo de Seguridad Nuclear o el propio Instituto para la Salud Geoambiental. “Pero hay mucha desinformación sobre este asunto”, advirtió el ingeniero de Minas especializado en radón Javier Elío, que ha participado en la elaboración del mapa del radón de Europa y en el de Irlanda.

Según este experto, “no se puede predecir la concentración de radón en una vivienda en función de un mapa, porque los mapas no delimitan zonas seguras vs. zonas no seguras, sino que son una herramienta para ayudar a planificar políticas de protección y prevención, porque definen zonas prioritarias sobre las que actuar para reducir la exposición general de la población y, a largo plazo, para reducir los casos de cáncer de pulmón. “Pero puede haber radón en una vivienda aunque en principio no sea zona de riesgo, por eso siempre hay que hacer mediciones específicas”, subrayó.

La oncóloga e investigadora Laura Mezquita, cuya principal línea de investigación versa precisamente sobre radón residencial y cáncer, también subraya la importancia de las políticas de prevención: “Aunque la supervivencia de nuestros pacientes está mejorando gracias a la incorporación de nuevas técnicas diagnósticas y tratamientos de nueva generación, como la inmunoterapia o terapias dirigidas, actuar sobre los factores de riesgo oncológico evitables, como el radón, es clave y debería ser la línea de acción prioritaria”.

Desconocimiento también en el sector constructivo

José Miguel Rodríguez, del Instituto para la Salud Geoambiental, resaltó el gran desconocimiento sobre el radón que existe no solo entre la población general, sino incluso entre los profesionales de la construcción, pese a que el Código Técnico de la Edificación (CTE) ya incluye requisitos y exigencias de seguridad respecto a este gas radiactivo en los edificios de nueva construcción y en las rehabilitaciones. “La inmensa mayoría de constructores no están formados sobre esta cuestión, mientras que, en otros países de nuestro entorno, como Reino Unido, Irlanda, o Bélgica, sí existe consciencia sobre este asunto e incluso hay planes de medición en las viviendas puestos en marcha por el Gobierno”.

Puntos de entrada del gas radón a una vivienda Agencias

Rodríguez también subrayó que, pese a que la OMS recomienda una concentración de radón residencial inferior a 100 Bq/m3, el CTE fija ese valor límite bastante por encima, en 300 Bq/m3, “lo que supone una protección insuficiente para la salud de las personas que respiran ese aire durante muchas horas al día, cada día”.

Pese a todo, el responsable de Vive sin radón quiso huir del alarmismo porque, tal y como repitió en varias ocasiones, el problema del radón en una vivienda o en una oficina tiene una solución sencilla. “Muchas personas evitan medir el radón porque les asusta la obra, pero lo importante es conocer el riesgo y corregirlo, y proteger tu propia salud. Normalmente basta una pequeña obra menor para solucionar el problema”, explicó. Para Rodríguez, “la presencia de radón es una variable que debería formar parte de los parámetros de medición obligatoria de calidad del aire, tanto en viviendas como en lugares de trabajo”. En esos casos, lo primero es consultar con un experto que evalúe la magnitud del problema y proponga técnicas de remediación correcta que eliminen el problema.

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