'Lago asesino'
La tragedia que conmocionó al mundo: cuando la Tierra exhaló muerte
Un lago africano liberó en 1986 una masiva nube de CO2 que provocó la muerte de 1.700 personas y miles de animales

Reses muertas en una de las aldeas cercanas al lago Nyos. / U.S. Geological Survey
Fue como si hubiera estallado una bomba de neutrones: daños mínimos en las edificaciones y las estructuras, pero 1.700 personas y más de 6.000 cabezas de ganado muertas. Ocurrió en la noche del 21 de agosto de 1986, en una región montañosa que está salpicada de lagos volcánicos, en Camerún. Aquella tragedia conmocionó al mundo y reveló la silenciosa letalidad de la naturaleza. Porque no fue la consecuencia de una guerra, ni de una matanza, sino un "lago asesino", el Nyos, de aparente belleza y tranquilidad, que liberó una masiva nube de dióxido de carbono (CO2) que asfixió todo lo que halló a su paso.
Este evento, conocido como la erupción límnica del lago Nyos, desencadenó una investigación exhaustiva para desentrañar las causas de este fenómeno inesperado, inusual y mortífero.
Los resultados de aquel estudio generaron honda inquietud entre la comunidad científica y la ciudadanía, porque hay muchos lagos, y algunos varios miles de veces más extensos, que podrían guardar en su interior mucho más gas venenoso que el liberado aquella fatídica madrugada.

Un hombre camina junto a los cadáveres de varios animales domésticos, cerca del lago Nyos. / U.S. Geological Survey
La mañana del 22 de agosto, las primeras luces del día revelaron una escena aterradora en las aldeas cercanas al lago Nyos. Un manto de silencio lo cubría todo. En el suelo yacían los cuerpos sin vida de hombres, mujeres y niños.
"A la mañana siguiente vi que había gente tirada en las calles, algunos estaban muertos", relató un testigo. "En nuestro poblado perdimos a mucha gente, murieron unas 75 personas". La magnitud de la tragedia obligó al presidente de Camerún, Paul Biya, que aún sigue en el cargo, a solicitar ayuda internacional para atender la emergencia y para desentrañar la causa de aquel desastre sin precedentes.
Una atmósfera fantasmal
Expertos de todo el mundo acudieron a Camerún para investigar el misterioso suceso. El médico británico Peter Baxter, uno de los primeros en llegar a la zona, relató su impresión al encontrarse con un paisaje desolador: "Todavía había cuerpos de personas y animales muertos esparcidos en las colinas de la zona. Cuando llegamos al pueblo de Nyos, que era un grupo de pequeñas chozas de barro, todo estaba en silencio y no había señales de vida

Decenas de reses muertas por el suceso del lago Nyos. / U.S. Geological Survey
La quietud del lago, con sus aguas tranquilas, pero con peces y vegetación muerta flotando en la superficie, se sumaba a la atmósfera fantasmal del lugar. El profesor George Kling, de la Universidad de Michigan, también describió la escena inquietante que halló a su llegada: "Había silencio, pero todos los edificios estaban de pie y no parecía que hubiera habido un huracán o una inundación o algo por el estilo". Solo había muertos.
Las primeras investigaciones revelaron que hubo una ola de 40 metros de altura, evidencia de una alteración en las profundidades del lago. Sin embargo, la causa de esta alteración permanece como un enigma para los científicos.
Las hipótesis iniciales apuntaban a una erupción volcánica. Pero la falta de una explosión visible, la ausencia de daños en las estructuras y la calma del lago desmentían esta teoría. Un testigo clave proporcionó una pista fundamental: "Yo casi muero, pero cuando me paré empecé a tomar aceite. Y poco después vomité algo negro que olía como huevo o como pólvora". Otros supervivientes reportaron lo mismo: un hedor a "huevos podridos y pólvora", lo que orientó la investigación hacia el CO2 como el agente letal.

El lago Nyos. / Getty Images
La presencia de CO2 en el lago se confirmó a través de análisis del agua y del gas disuelto. La percepción errónea del olor a azufre entre algunas personas se atribuyó a un fenómeno conocido como ‘alucinación olfativa’, un efecto sensorial provocado por la exposición a altas concentraciones de CO2.
Un repertorio de gas letal
El Nyos es un lago meromíctico; esto es, con capas de agua estratificadas, que no se mezclan. Esta condición permitió que el CO2, liberado gradualmente por un respiradero volcánico en el fondo del lago, se acumulara en las profundidades durante siglos, creando un reservorio de gas letal. Un evento que aún hoy es desconocido, posiblemente un deslizamiento de tierra o un pequeño seísmo, perturbó la estratificación del lago, liberando el CO2 atrapado en una erupción límnica repentina y devastadora.
Un enigma adicional para los investigadores fue la supervivencia de algunas personas, en su mayoría niños, a pesar de la exposición al CO2. Se plantearon diversas teorías, incluyendo la posibilidad de que la nube de gas no alcanzara una concentración letal en todas las áreas o que los niños, al caer inconscientes más rápido, aspiraron el gas de forma menos profunda"Sobrevivir o morir debido a la exposición del gas realmente fue un hecho al azar", expuso Peter Baxter.

Afectados por la erupción límnica del lago Nyos, en un centro asistencial. / Getty Images
Para prevenir futuras erupciones límnicas, se instaló en el lago Nyos un sistema de tuberías, con el fin de extraer el CO2 del fondo de forma controlada. Este proceso de desgasificación, que consiste en bombear agua desde las profundidades del lago hacia la superficie, permite que el CO2 se libere gradualmente a la atmósfera sin representar un peligro para las poblaciones cercanas.
La tragedia del Lago Nyos dejó una marca imborrable en la historia de Camerún y en la comunidad científica internacional. La erupción límnica puso en evidencia la necesidad de investigar y monitorear los lagos volcánicos para identificar aquellos que presentan un riesgo potencial y así implementar medidas de mitigación efectivas.

Un hombre camina entre cadáveres de animales domésticos tras el suceso del lago Nyos. / Getty Images
Un "lago asesino" en España
El temor a una tragedia como la del Nyos se registró también en España hace unos diez años, cuando se descubrió que la Corta Guadiana, una laguna artificial situada en las antiguas minas de Puebla de Guzmán, en Huelva (España), abandonadas en 1988, almacenaba una peligrosa bolsa de CO2, estimada primero en 80.000 metros cúbicos, pero que era en realidad de 125.000 metros cúbicos, como se comprobó después. Se generó entonces alarma social por el riesgo de una erupción límnica.
El Instituto Geológico y Minero de España (IGME) y la Junta de Andalucía unieron fuerzas para afrontar el problema, aunque tardaron más de tres años en resolverlo definitivamente. Fue el tiempo que llevó la desgasificación de la laguna, gracias a una experiencia "única y pionera" a nivel mundial, un "ejemplo de investigación aplicada a caballo entre la hidrogeoquímica, la limnología y la dinámica de fluidos", según se publicó entonces en una publicación científica, ‘Mine Water & the Environment’.

La laguna de Corta Guadiana. / Jesús Álvarez Cristino
En la Corta Guadiana se observó un fenómeno que no se había visto con anterioridad en ninguna otra mina del mundo: la interacción del agua ácida con minerales carbonatados, como calcita o dolomita, presentes en las rocas del entorno, provocó la formación de enormes cantidades de CO2. Tampoco se había visto nunca fuera de África la gran concentración CO2 y la presión de los gases, con unos valores solo comparables, precisamente, a los del lago Nyos.
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