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Alimentación sostenible

Este es el impacto ecológico de los atracones navideños de pescado y marisco

Ecologistas en Acción alerta sobre el elevado coste ambiental y social que supone la sobreexplotación de especies en declive

Mariscada

Mariscada / Europa Press

Ramón Díaz

Ramón Díaz

Las cenas y comidas de Navidad comparten un denominador común en millones de hogares españoles: una mesa abundante en pescado y marisco que, lejos de ser inocua, encierra un coste ambiental y social considerable. Ecologistas en Acción ha analizado las tendencias de consumo durante el año 2024 de cuatro especies estrella en estas fechas –salmón, calamar, langostino y merluza– y los resultados dibujan "un panorama preocupante" que invita a repensar las tradiciones desde la sostenibilidad, según la ONG.

El salmón noruego ha escalado posiciones hasta convertirse en un imprescindible del periodo festivo. En 2024, su consumo global en España creció un 14% respecto al año anterior, mientras que el salmón ahumado, rey de los aperitivos navideños, lo hizo un 18%. Esta elevada demanda sostiene una producción intensiva que genera contaminación en aguas costeras, uso masivo de antibióticos y antiparasitarios, escapes de peces de cultivo y la propagación de enfermedades que alteran los ecosistemas marinos.

Además, la cadena de producción esconde una paradoja: para alimentar a esos salmones en Noruega se pesca anchoveta en países como Mauritania, convirtiendo el proceso en un ciclo global con una huella de carbono que dificulta justificar su consumo masivo en unas fechas concretas.

Presión muy intensa

El calamar, omnipresente en platos de Navidad, dibuja una realidad aún más cruda. España es uno de los principales consumidores mundiales, con 2,2 kilogramos per cápita en 2024 y más de 80.600 toneladas anuales de calamar y pulpo. Esta voracidad alimenta flotas industriales que faenan en el Atlántico Sur, explotando el calamar patagónico para abastecer el mercado nacional y europeo.

Una pescadería en el mercado de Chamberí, en Madrid.

Una pescadería en el mercado de Chamberí, en Madrid. / EFE / Paco Campos

La presión extractiva ha sido tan intensa que la pesquería en aguas de las Islas Malvinas colapsó recientemente, forzando el cierre anticipado de la temporada tras constatar que la biomasa había caído por debajo de los umbrales de seguridad. Un ejemplo que demuestra cómo la combinación de demanda elevada y pesca industrial intensiva puede comprometer incluso recursos considerados resilientes, con consecuencias negativas para los ecosistemas pelágicos y las comunidades pesqueras dependientes.

Efectos sobre la biodiversidad

El langostino tropical, otro de los clásicos de estas fechas, llega mayoritariamente de la acuicultura intensiva en países como Ecuador. La producción ha cubierto la demanda creciente, pero a costa de destruir manglares, contaminar aguas y generar conflictos con comunidades locales por el uso de la tierra y los recursos naturales.

La demanda española en Navidad triplica las importaciones y el consumo, lo que refuerza la presión sobre estas prácticas cuyos efectos se dejan sentir en la biodiversidad y los ecosistemas tropicales. Un recurso que se produce con criterios exclusivamente comerciales, a menudo ajeno a sus consecuencias.

Consumo responsable

La merluza, por su parte, presenta un problema de dependencia externa. Menos del 10% de la merluza consumida en el Estado español proviene de caladeros nacionales; el resto se importa de Namibia, Argentina o Sudáfrica. Esta situación aumenta la presión sobre terceros países y suma impactos ambientales por transporte y explotación de caladeros lejanos.

Desembarco de atunes en Barbate (Cádiz).

Desembarco de atunes en Barbate (Cádiz). / EFE / Román Ríos

Las poblaciones tradicionales, como las del Cantábrico o el Gran Sol, ya sufren restricciones de cuotas por sobrepesca, lo que evidencia la urgencia de políticas de consumo responsable que prioricen stocks sostenibles gestionados adecuadamente.

Destrucción de ecosistemas

Cuando se analizan las causas y consecuencias, la organización ecologista apunta que, en conjunto, la presión que ejerce el Estado español sobre los recursos marinos durante las fiestas navideñas está ligada "a los impactos globales de la pesca intensiva" y refleja "tendencias preocupantes, como la sobreexplotación de stocks en el Atlántico Sur, la destrucción de ecosistemas tropicales a nivel local, especialmente por la acuicultura intensiva de langostino, una elevada huella de carbono por transporte de productos importados y la alteración de cadenas tróficas y pérdida de biodiversidad por prácticas extractivas industriales".

Ante este escenario, Ecologistas en Acción propone un consumo navideño responsable que reduzca la presión sobre los océanos. La primera recomendación es, lógicamente, reducir la cantidad de proteína animal, especialmente en épocas de alta demanda. No solo porque el consumo masivo es insostenible, sino porque permite minimizar el grave impacto que la producción y el transporte generan sobre ecosistemas marinos y terrestres. 

Evitar raciones excesivas

Según la ONG, hay que evitar raciones excesivas de especies en declive como el bacalao, la caballa, el rape o la cigala, y, sobre todo, dejar de consumir anguila –y su juvenil, la angula–, que si no se cierra la pesquería y el comercio pronto llevará a la extinción la especie.

Pesca del atún rojo.

Pesca del atún rojo. / Efeagro / Ana Cerrud

Ecologistas en Acción sugiere aprovechar el pescado en guisos, calderetas y platos compartidos, optimizando recursos y minimizando desperdicio. Priorizar capturas con artes de menor impacto, como cañas, redes de enmalle o nasas, es otra vía. Por ejemplo, elegir merluza del pincho en lugar de la capturada con redes de arrastre o traída de lejanía; la chirla de rastro y no de draga hidráulica; o el mejillón cultivado en bateas de las rías gallegas.

Comprar en lonjas y mercados locales

Juzga "esencial" comprar en lonjas y mercados locales, preguntando por productos frescos de cercanía, evitando especies asociadas a impactos en caladeros lejanos, como gambas, langostinos, calamares, pulpos o merluza importada. La guía ‘Sin Mala Espina’, de Ecologistas en Acción, ofrece más detalles al respecto.

Ecologistas en Acción resume su propuesta con estas palabras: "El consumo responsable de pescado y marisco en Navidad es esencial para equilibrar tradición, gastronomía y sostenibilidad ambiental. Reducir la cantidad, priorizar productos locales y sostenibles y diversificar las especies consumidas permite proteger los ecosistemas marinos, apoyar a comunidades pesqueras locales y disminuir la huella ambiental asociada a la industria global de productos del mar. Solo así será posible mantener nuestras tradiciones culinarias sin comprometer el futuro de los océanos".

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