06 de octubre de 2018
06.10.2018
06/10/2018

La historia de una camiseta

Un amigo iba vestido del Valencia un viernes a las 8 de la mañana

06.10.2018 | 23:01
La historia de una camiseta

Lo que les voy a contar puede parecer una tontería pero para mí significa mucho más que darte de narices con un amigo a las ocho de la mañana, significa, para ser francos, que el valencianismo está de vuelta y que la visita de este domingo del Barcelona nos debe seguir teniendo de vuelta y agradecidos por ver cómo el equipo crece y por ver cómo la afición del Valencia es absolutamente fiel a su equipo. Se lo voy a contar rápido, no me vaya a perder con mil historias. En sí es asunto con escasa trascendencia, pero para mí significa en el fondo mucho más que el simple acto matinal. Acompáñenme que voy a explicárselo de la forma más fiel posible. Pasen y lean, por favor. Es un segundito.

Dos niños y un diario

Y sí, me sucedió ayer y ya casi a estas alturas lo tengo olvidado pero en cuanto lo vi entendí que eso merecía una columnita con cariño en estas páginas de SUPER. Yo salía de casa con mis dos hijos pequeños con el único objetivo de llegar en tiempo y hora al cole y por lo tanto iba un poco con cara de descompuesto viendo cómo pasaban los minutos y nosotros apenas avanzábamos en tiempo normal de cumplir con nuestro objetivo. Me acerqué al coche, abrí las puertas, metí a mis nanos en la zona de detrás y esperé a que se pudieran los cinturones de seguridad e inmediatamente arranqué motores y metí marcha atrás para encaminarme al cole a la hora prevista. En plena maniobra, con mis dos nanos ya con el cinturón de seguridad bien puesto y formales y dispuestos para ir al cole, me crucé con uno de los hermanos propietarios del taller que hay junto a mi casa y que me suelen ayudar un montón de veces -mil gracias por tanto- dado lo inútil que suelo ser yo para entenderme con las cosas del auto sin necesidad de ir a los profesionales. Bueno, en esa estaba, metiendo marcha atrás y saliendo con toda la prudencia del mundo hacia el cole de los nanos, cuando de un coche de enfrente, en mitad de la calle, veo a uno de esos genios del taller al lado pero ya fuera del auto, ojo al dato, vestido con la nueva camiseta del Valencia. ¡Y era viernes! ¡Y no venía a cuento para nada! Yo me quedé mirándole, le saludé de lejos, nos sonreímos y tiré para el cole a toda castaña, pero siempre dentro de la legalidad vigente. Y en el fondo me quedé pensando en él y en los miles de valencianistas que han vuelto a recuperar la fe en su equipo y en como las camisetas del Valencia empiezan a verse por todas partes rindiendo una especie de homenaje a este equipo que nos roba el corazón a poquito que funcione bien y nos llene de esperanza de cara a los partidos venideros.

Una buena miradita

Y sí, yo me llevé una alegría por verle a él un viernes por la mañana antes de empezar a trabajar -¡a las ocho!- vestido del Valencia y me quedé más contento todavía por la sonrisa que me dedicó desde la distancia que llevaba encerrada una carga de profundidad francamente importante. Y sí, me quedo sonriendo y escribiendo sobre eso. Y pienso en el Valencia y ya sueño con un partido alucinante contra el Barça mañana mismo en Mestalla. Y oigan, les voy a ser franco, si le ganamos a los de Valverde yo pienso ir a la tienda oficial del Valencia y comprarme un par de camisetas de la presente temporada para hacer un homenaje al equipo y de alguna forma también para hacerme un homenaje a mí mismo y a mi nano que también es del Valencia.

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