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GAUDEN VILLAS

Un soplo de amor propio

Determinados futbolistas siguen teniendo orgullo y salieron especialmente dolidos de la vergüenza que pasaron el otro día en Bélgica

09.11.2015 | 00:17

No existe la casualidad y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas. Friedrich Schiller.

Las causas I
Determinados futbolistas siguen teniendo orgullo y salieron especialmente dolidos de la vergüenza que pasaron el otro día en Bélgica. El Barragán de Vigo no tuvo nada que ver con el de Gante. Parejo, una pieza clave en esta plantilla, dio ese paso al frente que lleva mucho tiempo sin dar. Incluso Vezo, de natural frío y distante, salió dispuesto a demostrar que una cosa es estar mal y otra que le pongan por delante a un chiste defensivo como Santos.

Las causas II
Este Valencia está construido para amarrar atrás y sorprender con latigazos a la contra. Y para defender bien hay que jugar con defensas. La vuelta de Barragán, que lo es, pone en cuestión todo lo hecho hasta ahora. Cancelo, excelente futbolista, tiene un nivel defensivo similar al de, pongamos, Ibraimovich?y ataca por banda, para todos salvo para Nuno y la Peña Argelina de Algemesí, bastante mejor que cualquier otro de sus compañeros. El despliegue del chaval portugués, por fin en el lugar del campo que le corresponde, fue descomunal. Es un portento físico „con una notoria diferencia sobre el resto„ y una auténtica fiera en el repliegue. Comparar sus prestaciones con las de sus predecesores Piatti, Mina o el nuevo héroe Feghouli da como para pasarse un día entero llorando. Porque si para defender hay que hacerlo con gente que sepa del negocio, para atacar se supone que tienes que poner en el campo a quienes sean capaces de crear algún peligro. Como Cancelo. Llevaba Mina unos pocos minutos sobre el verde cuando Alcácer lo dejó solito ante el portero rival. Nada.

Las causas III
El equipo intentó dar un paso hacia adelante y jugó en campo contrario hasta el gol de Alcácer. Luego, el Celta se vino arriba porque es un buen conjunto, bien trabajado maximizando los recursos de los que dispone -comparen con lo de aquí- y sólo una genialidad de Parejo y un regalo estilo Levante liquidaron el encuentro. Pero el Valencia nunca, ni siquiera en esa fase crítica, desapareció del partido. Alcácer regresó de su viaje intergaláctico justo el día en el que, por fin, había alguien para hacerle llegar algún balón: Cancelo. Acostumbrados a tipos que corren diez metros y se caen al suelo al sentir en la nuca el soplido de un mosquito, este Cancelo, bien secundado por Barragán, fue capaz de descongestionar todo el frente derecho blanquinegro. Hacía regresar al Celta en desbandada y daba tiempo a que Parejo y Gomes se incorporaran. Se fajaron como leones los dos medios centros y, a igualdad de implicación, son mejores que casi cualquier otra pareja que se les ponga delante.

Las causas IV
De repente, hasta que entraron Mina y Piatti al campo para volver a más de lo mismo, el equipo enchufaba todo lo que tenía en ventaja. Alcácer clavó dos de dos, un mano a mano y un desmarque de segundas en la frontal que cambió al palo largo. Su juego es ese porque no sobresale en el dribling ni en velocidad ni en el remate de cabeza. Hay que llevarle el balón hasta ahí y para ello hay que estar cerca de la frontal. Las sandías que desde cuarenta metros de distancia llevan toda la vida enviándole Feghouli y Piatti no sirven para nada, por mucho que convenzan a esa parte de la grada satisfecha con las tres carreras hacia adelante y los dos trotes cochineros hacia atrás de los puñales nunistas.

Las consecuencias
Son completamente imprevisibles. Primero porque nos hallamos ante un entrenador que emite señales imposibles de interpretar. Alterna decisiones cargadas de justicia -sentar a Santos, darle una segunda oportunidad a Barragán- con huidas hacia adelante revestidas de puro autoritarismo -relegar a Orbán cuando Gayà demuestra partido a partido que no está para jugar, olvidarse de De Paul y hacer jugar a un Mina que simplemente no sirve ¿aún? para el Valencia-. Nada garantiza, por tanto, que todo lo anteriormente expuesto conlleve una continuidad de lo que vimos en Vigo. Y segundo porque los futbolistas del Valencia han demostrado ser unos perfectos tarambanas. No han ayudado determinadas decisiones y planteamientos tácticos de su entrenador, pero lo que se vio el otro día en Bélgica o un poco antes frente al Levante es impropio de quienes cobran lo que cobran y llevan en el pecho el escudo que llevan. Cómo vayan a reaccionar cuando llegue el próximo partido es puro misterio.

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