Ibuprofeno, paracetamol o aspirina: ¿cuándo tomarlos?

Estos analgésicos son muy comunes en los botiquines, pero no siempre los tomamos de la forma correcta

25.05.2016 | 12:25
Cada analgésico tiene sus propias indicaciones médicas.
Cada analgésico tiene sus propias indicaciones médicas.

Precauciones básicas

  • Consulta atentamente el prospecto. Aunque el ibuprofeno, el paracetamol y la aspirina se dispensan en farmacias sin recetas, siempre es necesario leer las indicaciones del prospecto, especialmente si estás embarazada,  amamantas o el medicametno lo tomará un niño o un enfermo crónico.
  • Cuidado con los niños. Los menores son especialmente sensibles ante los efectos secundarios que puede causar cualquier medicamento. Por ello, ten especial cuidado con los niños, dales las dosis recomendadas de forma estrica y mantén los medicamentos fuera de su alcance.
  • Si el dolor no desaparece, consulta con el médico. Puede ser el síntoma de otro tipo de dolencia.
  • Los medicamentos que incluyen varios principios activos (compuestos) son poco recomendables. Es preferible elegir uno que sea específico para el tipo de dolor que sufras.

El ibuprofeno, el paracetamol y la aspirina (ácido acetilsalicílico) son tres de los medicamentos más consumidos en nuestro país por sus propiedades antiinflamatorias, analgésicas y antipiréticas. Probablemente si se hiciera una encuesta a nivel estatal, en pocos botiquines de los hogares españoles faltaría alguno de estos tres fármacos, que se administran sin necesidad de recetes en las farmacias y a los que recurrimos por múltiples motivos en nuestro día a día. Dolores de cabeza, de espalda, de muelas, dolores menstruales, musculares, inflamaciones, fiebre...

Son muchas y muy variadas las ocasiones en las que recurrimos al ibuprofeno, el paracetamol o la aspirina. Muchos ciudadanos utilizan estos analgésicos de forma indistinta para combatir cualquier tipo de dolencia, incluso en algunos casos haciendo uso de ellos de forma indiscriminada. Sin embargo, en realidad cada uno de estos fármacos tiene sus propias características y por tanto cada uno está indicado para combatir determinadas dolencias. También cuentan con sus propias contraindicaciones. Y es que su abuso o consumo indiscriminado puede causar dolencias como lesiones renales y hepáticas, irritación del tracto gastrointestinal, úlceras, trastornos de la presión arterial, mareos, cefaleas, hemorragias...

En estas líneas intentaremos descubrirte cuándo debemos recurrir al ibuprofeno, al paracetamol o a la aspirina, cuáles son sus diferencias y riesgos.

IBUPROFENO

Este antiinflamatorio no esteroideo (AINE) está considerado como el ´medicamento rey´ de la triple A: analgésico, antipirético y antiinflamatorio. Su uso está indicado para combatir la fiebre y para el alivio sintomático de dolores leves o moderados como el dolor de cabeza, de muelas, artritis, artrosis, molestias de la menstruación, cuadros inflamatorios, dolores musculares, dolor de garganta, artritis, faringits, molestias causadas por torceduras o esguinces...

Espidifen, Nurofen, Saetil, Ibuen o Neobrufen son algunas de las marcas bajo las que se comercializa este derivado del ácido propiónico, que a diferencia del paracetamol cuenta entre sus ´bondades´ con capacidad antiinflamatoria. Para los niños, el Dalsy, el Pirexin o el Junifen son algunas de las marcas comerciales más habituales.

En cuanto a la tipología de este fármaco, las dosis más habituales son las de 400 y 600 mg, con presentaciones que van desde los comprimidos a los granulados, supositorios, soluciones orales...

Efectos secundarios: Al tratarse de un fármaco antiinflamatorio, su principal defecto es que puede resultar perjudicial para nuestro estómago (úlceras pé?pticas, hemorragias, perforaciones...). Es por este motivo que se recomienda tomarlo durante las comidas e incluso acompañado por un protector gástrico en el caso de que debamos hacer un uso reiterado de este fármaco.

Además, un consumo excesivo de ibruprofeno puede tener también consecuencias negativas a nivel cardiovascular y puede provocar trastornos renales y hepáticos. Por otra parte, el ibuprofeno se desaconseja en pacientes que sufren de úlcera gástrica, insuficiencia renal o hepática grave, además de aquellas personas que toman antihipertensivos.

PARACETAMOL

Al igual que el ibuprofeno, el paracetamol también es un fármaco con propiedades analgésicas y antipiréticas. Sin embargo, a diferencia del ibuprofeno, no tiene propiedades antiinflamatorias. Es decir, el paracetamol es fundamentalmente un fármaco indicado para combatir la fiebre y dolores moderados (reuma, lumbago, tortícolis, ciática, dolores de cabeza, de huesos, de muelas, menstruales...).

En este caso, las marcas comerciales más conocidas son el Gelocatil, el Efferalgan, Termalgin o Xumadol, mientras que en el caso de los niños el más popular es el Apiretal. Como el ibuprofeno, sus tipos de presentaciones varían, desde los comprimidos a las soluciones orales, granulados, supositorios... En este caso, las dosis más habituales son las de 500 y 650 mg y la de 1 gramo.

Efectos secundarios: A diferencia del ibuprofeno, su consumo no tiene ninguna consecuencia negativa para el estómago. En cambio, sí la puede llegar a tener para el hígado y los riñones en el caso de que se haga un consumo excesivo. Su uso no está indicado en aquellas personas que sufren insuficiencia hepática.

En caso de que no necesitemos combatir una inflamación, es recomendable recurrir al paracetamol antes que al ibuprofeno, ya que tiene menos efectos secundarios. Además, resulta más eficaz para combatir la fiebre. En cambio, deberemos optar por el ibuprofeno si además del dolor existe una inflamación de algún tejido. Sin embargo, nuestra elección deberá ser el ibuprofeno en el caso de que el dolor que sintamos esté acompañado por la inflamación de un tejido.

ASPIRINA

Aunque la denominación de aspirina ha pasado a convertirse en una nomenclatura de uso común, en realidad nos estamos refiriendo al ácido acetilsalicílico. Durante mucho tiempo, este analgésico ha sido de uso frecuente en todos los hogares, aunque últimamente sus ventas parecen haber decaído a favor del ibuprofeno.

Y es que las propiedades del ácido acetilsalicílico son similares a las del ibuprofeno (ambos pertenecen a la familia de los antiinflamatorios no esteroideos). En este sentido, tiene una función analgésica (reduce el dolor), antiinflamatoria (reduce la inflamación), antipirética (reduce la fiebre) y antiagregante plaquetario (inhibe la acumulación de plaquetas en los vasos sanguíneos). Este último efecto hace que se acumulen las plaquetas en los vasos sanguíneos y, por tanto, reduce el riesgo de que se produzcan coágulos que impidan el paso de la sangre y deriven en ataques cardíacos o accidentes cerebrovasculares.

Su uso está indicado para combatir dolores ocasionales leves o moderados como los de cabeza, dentales, menstruales, musculares, de espalda, dolores causados por la artritis reumatoide...

Entre sus contraindicaciones, figura el hecho de que su uso no es recomendable para los niños. De hecho, su consumo debe limitarse a los menores de 18 años. Además, tampoco está indicada para combatir procesos febriles de origen viral, como por ejemplo la gripe, ya que puede provocar complicaciones. Por otra parte, no está indicada para personas con problemas de estómago o que sufran enfermedades que causen un sangrado excesivo, como la hemofilia. Entre los efectos secundarios que puede ocasionar el uso abusivo del ácido acetilsalicílico figuran la úlcera de estómago y de intestino, dolor de abdomen, acidez y ardor de estómago, náuseas, vómitos...

Aunque la Aspirina es con diferencia la marca comercial más conocida del ácido acetilsalicílico, existen otras como Cerebrino, Rhonal, Calmantina, Dolmiran o Okaldol.

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