21/02/2016

Menos mal que un día echamos a Newcoval

Cuando las cosas no salen viene bien recordar de la que se libró el Valencia, pero ya es hora de dejar de lamentarse

21.02.2016 | 17:49

No es la primera vez que el Valencia se presenta esta temporada ante lo que puede ser su punto de inflexión, pasó con Nuno cuando Balaídos y más reciente después del gol de Negredo en Coruña, al que siguió una victoria en Las Palmas que metió al equipo en semifinales de la Copa. Todo quedó siempre en nada y ya va siendo hora de que las cosas salgan, de que la afición pueda volver a disfrutar con el equipo, a creer, porque todo han sido disgustos. Por muy mal que se hayan podido llegar a poner las cosas, en todo este tiempo siempre hemos tenido ahí a los jueces y a la Guardia Civil para recordarnos que este club con todo su patrimonio estuvo cerca de caer en manos de la trama supuestamente corrupta que giraba en torno a Rodrigo Rato y conocemos por Newcoval, que sigue bajo investigación afortunadamente al margen de todo lo que es el Valencia CF. Fue la propia Bankia ya intervenida la que frenó esta oscura operación, que con los datos conocidos ya podemos calificar de fraudulenta, aunque la última puerta se cerró por el empeño de Salvo, el dinero de Lim y el clamor de la afición valencianista, entre todos alejaron a los buitres.

De no ser así jamás Gary Neville habría sido entrenador del Valencia, no por capacidad porque eso estaría todavía por ver, sino porque estadísticamente es muy poco probable que un inglés y leyenda del Manchester United acabe en el banquillo de Mestalla si no es socio y amigo del propietario. Pero siempre llamó la atención su valentía por haber aceptado un reto que, de entrada, no tenía grandes expectativas de éxito. Como llama también la atención que Neville nunca haya cambiado su discurso cuando, partido tras partido, la victoria nunca llegaba. Él siempre creyó que el trabajo acabaría saliendo, que las victorias iban a llegar y que los resultados de hecho estaban siendo injustos con él, pero esa misma canción tres o cuatro veces por semana y en todas las emisoras le acabó pasando factura: la gente dejó de creerle. El jueves, en Mestalla, se cantaba hasta aquello de «Barragán te quiero», pero que nadie se confunda. Una cosa es liberar tensiones y otra creer que el peligro ha pasado. Este partido sí es la prueba.

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