22 de abril de 2018
22.04.2018
22/04/2018

Marcelino lo tiene todo bajo control

Hoy el equipo, después de perder en Barcelona y sobre todo del 'accidente' con el Getafe, vuelve a parecer un equipo mortal

10.05.2018 | 10:17
Marcelino lo tiene todo bajo control

Hubo momentos en la primera vuelta y también en la segunda en que, parafraseando a nuestro nada añorado Nuno Espirito Santo, llegamos a tener la absurda convicción de que el Valencia CF de Marcelino podía ganar todos los partidos. Así fue cuando llegó a sumar ocho victorias seguidas entre septiembre y noviembre o, más recientemente, después de dar una nueva lección en Sevilla y establecer de nuevo diferencias abismales con el quinto de la clasificación. Hoy el equipo, después de perder en Barcelona y sobre todo del 'accidente' con el Getafe, vuelve a parecer un equipo mortal, que necesita más de un gol –a veces más de dos– para ganar los partidos y más de dos o tres ocasiones para hacer un gol. El Valencia hizo un buen partido en Vigo, con la eficacia de esos otros días la victoria no se le habría escapado de ninguna de las maneras.

Aunque más que un punto o tres puntos el partido de Balaídos deja otras reflexiones quizá más trascendentes, demuestra que el equipo no se ha echado la manta al cuello por la diferencia que todavía ahora y después de sumar un solo punto de nueve lleva a sus rivales, que sigue tenso y centrado en lo que tiene que estar, y que la defensa a ultranza de Marcelino a sus jugadores tiene una respuesta directa y positiva por parte de estos. Quiere decir que la plantilla ha entendido y valora el desgaste que asumió el entrenador al defender publicamente la actuación de algunos de ellos, porque no lo merecían después de haber aprovechado tan mal esos minutos que de alguna manera Marcelino les estaba regalando. Otra cosa es que al entrenador se le fuera la mano con tanto regalo y después pasó lo que pasó, con el consiguiente enfado de la afición. La conexión con la grada es importante obviamente, pero lo más sagrado para todo entrenador es tener su credibilidad impoluta dentro del vestuario, que los jugadores capten que obra pensando en el equipo y no en su beneficio personal. Hacia afuera, tampoco es tan grave recibir alguna crítica por un resultado en particular en una temporada muy satisfactoria en general.

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