El club empezará la pretemporada el 8 de julio y ya ha confirmado encuentros contra el Valencia (16 de julio) o el Honved de Budapest (24 julio) en la inauguración del estadio del club húngaro, además de un partido en Tel Aviv con el FC Barcelona. Durante el periodo de preparación, el Villarreal volverá a concentrarse, como ya hiciera en 2019, en Bad Häring, una pequeña localidad del Tirol (Austria), donde tiene previsto permanecer seis días.

Durante la estancia en tierras austriacas pretende disputar dos encuentros amistosos. En principio uno de los rivales iba a ser el Wolfsburgo alemán, pero, finalmente, será el también germano Mainz 05 el sparring de los amarillos. El segundo amistoso podría tener como contendiente al Herta de Berlín, aunque no se descarta que pudiera ser un importante club de la Premier League el oponente. El club también podría disputar amistosos contra el Olympique de Lyón y Olympique de Marsella, además de otro partido en Portugal, con el Sporting de Braga como probable adversario para medir el pulso del cuadro amarillo.       

Unai Emery quiere afrontar la Supercopa, la segunda final de la historia del club amarillo, ante el Chelsea, actual campeón de la Champions League, con el equipo plenamente rodado. Será el 11 de agosto cuando el Submarino se enfrente al equipo dirigido por Thomas Tuchel en la capital de Irlanda del Norte.

Un encuentro que exigirá el más alto nivel físico, puesto que la gran baza de los blues es su solidez defensiva y su poderío físico, con jugadores como el campeón del mundo francés N’Golo Kanté o los defensas Rudiger y Azpilicueta que fueron capaces de neutralizar la creatividad de los De Bruyne, Mahrez, Bernardo Silva... en la final de Champions ante el City.

Todo ello, Emery lo sabe y por eso quiere llegar a Belfast con el equipo en plena forma y poder superar al club londinense. Una final que además será la antesala de los retos que le vendrán por delante al Villarreal a lo largo de la temporada de su regreso a la máxima competición continental.