Agua fría o caliente: ¿cuál es mejor para adelgazar? Ventajas e inconvenientes de ducharse con cada una

Las dos tienen diferentes propiedades y beneficios para la salud que deberíamos conocer

Todos hemos tenido este debate alguna vez: ¿es mejor ducharse con agua fría o caliente? La respuesta no es sencilla, ya que cada una tiene propiedades completamente diferentes. Y la mayoría los desconoce. Más allá de gustos personales y de la época del año los españoles no solemos tener criterio para elegir.

La piel reacciona de forma muy diferente según las temperaturas a las que se expone. También es cierto que si no estamos acostumbrados podemos helarnos o quemarnos con facilidad con un agua muy fría o muy caliente. Así que no es mala idea adaptarnos progresivamente subiendo o bajando grados poco a poco.

Agua fría: una gran aliada para la circulación

No suelen ser muchos los valientes que se atreven a empezar el día con una ducha fría, pero se llevan los beneficios. Y es que el agua a bajas temperaturas nos activa rápidamente y mejora la circulación, ya que contrae los vasos sanguíneos. También se le atribuye un efecto antiinflamatorio y tranquilizante. A fin de cuentas, ¿qué hacemos cuando nos llevamos un golpe? Ponernos hielo.

Muchos deportistas de élite utilizan tratamientos a bajas temperaturas para potenciar la circulación después de competir. La medicina avala completamente este uso. También queda demostrado que el sistema inmunitario es otro de los ganadores de estas duchas ya que acostumbramos al cuerpo a lidiar con el frío y mantiene alertas a las defensas.

Lo recomendable es ducharnos con agua de entre 20 y 25 grados. Más ya se acerca demasiado a la temperatura ambiente y anula los beneficios. Menos es peligroso para la piel. Por último hay que decir que se suele relacionar a las duchas de agua fría con una mayor quema de grasas y con ella una pérdida de peso, pero esta leyenda urbana todavía no ha sido ratificada ni desmentida por la ciencia.

Agua caliente: la mejor para relajar los músculos

Diferentes, pero no por ello inexistentes, son los beneficios del agua caliente. Por ejemplo, si antes decíamos que la temperatura baja fortalecía el sistema inmunitario ahora te confirmamos que la alta es la más apropiada si has enfermado. El cuerpo es más sensible al frío si sufrimos un resfriado y con eso no hay que jugar.

También es mejor una ducha cálida para los músculos. Si el agua fría activa el cuerpo, la caliente lo relaja, algo idóneo cuando ya hemos terminado con la actividad diaria y entramos en un momento de reposo corporal. Eso sí, sin pasarse, ya que la piel puede irritarse si abusamos.

Dicho todo esto y siendo ambas opciones correctas nosotros somos más partidarios de usar agua fría si nos duchamos por la mañana y caliente en caso de hacerlo por la noche. Pero como puedes comprobar ambas tienen sus beneficios para la salud y a cada organismo le sienta mejor una que otra.