El Levante de Mehdi Nafti frenó en seco a poco más de una semana de arrancar el reto del ascenso. Después de cosechar positivas sensaciones y tener altos picos de rendimiento en sus compromisos anteriores, la derrota frente al Villarreal (3-1) abre los ojos y obliga a hacer un último chequeo para que el inicio de temporada sea beneficioso para los intereses del club. La primera parte, de hecho, supuso un revés de realidad tras dos fogonazos de los de Unai Emery que terminaron en el fondo de la red, aunque la primera vez que el cuero superó la línea de gol fue con una pizca de fortuna.

El duelo autonómico demostró que la hora de la verdad está a la vuelta de la esquina. El combinado levantinista y el amarillo se mostraron intensos y trasladaron un ímpetu que le fue mejor al conjunto del Submarino. No obstante, su primer diana, al cuarto de hora del duelo, estuvo cargada de suerte, tras un envío al área desde la izquierda que, después de impactar en Róber Pier, batió a Femenías. El '4', que inició el amistoso en el mini de Miralcamp, tuvo la intención de despejar el peligro, pero, desafortunadamente, mandó el balón hacia su propia portería. Un tanto que desestabilizó la moral granota, aunque Cantero y Pablo Martínez se encargaron de levantar a los suyos. Antes del minuto veinte, Pepelu robó en campo propio, filtró por dentro al '11' y lanzó un disparo desde la frontal con veneno, pero que Mandi impactase el balón le restó peligrosidad. Después, y tras meterse por dentro partiendo desde la banda, Pablo Martínez ejecutó un lanzamiento que hizo trabajar a Reina.

Fue la muestra de que el Levante no renunció al partido y quiso mostrar su cara más intimidante, pero el Villarreal allanó el camino por la vía rápida. En el ecuador de la primera mitad, Chukwueze se midió con Saracchi, y pese a la presión del uruguayo, encontró el pase correcto para que Fer Niño, a la media vuelta y desde el punto de penalti, pusiese el balón en el fondo de las mallas. La prueba de que el cuadro de Nafti no solo no tuvo el día, sino que no se encontró consigo mismo. Un 2-0 con el que los granotas se marcharon al túnel de vestuario con el ánimo de corregir, aunque el cambio fue mínimo.

Los segundos cuarenta y cinco minutos tuvieron novedades sobre el verde y el careo entre Iborra y Morales, en medio de un cambio multitudinario de piezas que, más allá de las las caras nuevas, no se tradujo en un juego vistoso por parte de Villarreal y Levante. No obstante, el segundo asalto tuvo morbo. Dio igual el contexto de amistoso. Pareció, en primera instancia, que el '20' amarillo quiso tomarse la justicia por su mano y dar a entender que la 'tristeza' con la que salió de Orriols quedó sepultada. Morales, tras un forcejeo dentro del área con Postigo, cayó en el área y el colegiado del partido señaló un penalti más que dudoso. Sin embargo, el excomandante levantinista pidió tirar la pena máxima y la clavó en el fondo de las mallas en el 71.

Pese a ello, el Levante, aunque fuera por consuelo, quiso sacar pecho de su nuevo emblema de cara al desafío del ascenso. Cuando la mecha del amistoso estuvo a punto de prenderse, Vicente Iborra, cabeceando desde el punto de penalti un envío desde la esquina de Joni Montiel, colocó el 3-1 para cerrar un amistoso que dejó dos conclusiones: al Levante le queda pulir más aún su maquinaria y el Villarreal va por buen camino.