Opinión

De iconos y reductos

Pablo Martínez y los canteranos irrumpen como los referentes del nuevo Levante UD

Pablo Martínez

Pablo Martínez / sd

Con siete puntos en el casillero de los nueve posibles, el Levante ha arrancado con convicción la temporada. Pese a las dudas vistas en pretemporada y después de los dos puntos que se dejaron ante el Amorebieta, el cuadro de Calleja, sin armas, mucho ruido, y cuál labor de hormiga, ha firmado un mejor arranque por ejemplo que el de la pasada campaña. Con coyunturas totalmente distintas, ese mal comienzo fue un peaje que luego pesó en exceso y hasta pudo marcar el desenlace.

Olvidando el pasado, ya que poco a poco toca hacerlo, el Oviedo es el rival próximo que emerge. Se trata de una jornada importante, un duelo de confirmación, además, el primero de dos seguidos en el Ciutat, estadio que debe ser un reducto para el equipo. El choque ante los asturianos ha de refrendar que lo conseguido hasta ahora, sea poco o mucho según para quien, no es casual y que además debe otorgar ese extra de fe e ilusión para el encuentro lustroso de la siguiente semana frente al Espanyol.

Con un encaje de piezas todavía en proceso es cierto que da una especial ilusión ver a canteranos hacerse un hueco en el equipo. La efervescencia de Andrés García o la aparición de Marcos Navarro en Cartagena, son un ejemplo, un soplo de aire fresco necesario y que puede reavivar la llama de la identificación. Con mucho por madurar y crecer, es clave en un club que se encuentra en una coyuntura económica ajustada, tener una base desde abajo prometedora. En pleno cambio cíclico, y tras el éxodo de los que han sido icono durante años, esta nueva hornada ha de ser bienvenida y si su rendimiento es bueno, Calleja lo premiará como con cualquier otro, y por supuesto, el aficionado, lo disfrutará.

Precisamente hablando de iconos, las imágenes que hemos podido ver de Pablo Martínez ultimando su recuperación dan un subidón gordo. El recuerdo de aquel 12 de marzo frente al Albacete sigue siendo fatídico. Ya comenté que esa lesión le había dolido a Pablo y a todo el levantinismo. En un momento excelso, el centrocampista era el líder indiscutible del Levante y una de las piezas sobre las que había que apoyarse para optar al ascenso. Su baja fue un duro golpe, para el jugador por supuesto, y para el equipo. Aunque su adaptación requerirá un margen de tiempo, ver al nuevo ‘10’, tomando el testigo del gran Iborra en el verde, ha de ser otro golpe de efecto moral positivo para el resto de la plantilla y para la familia granota. Sin querer cometer el error de sobrecargar las presiones y las emociones, Pablo Martínez encarna al jugador insignia de ahora y del futuro. Ese sobre el que puede orbitar el nuevo ciclo abierto de cuajo en Orriols. 

Mientras, a nivel social, este mes de septiembre abre la era de Danvila al frente del club. Quico Catalán definitivamente se ha echado a un lado y Danvila acude a un rescate de un Levante necesitado de reflotarse en prácticamente todos los ámbitos. Sin encomendarse a un ascenso obligatorio para salvar los muebles, el nuevo mandatario tiene una tarea tan difícil como motivadora. El sentir granota está en sus manos y eso son palabras mayores. Lograrlo hará felices a muchos. No hay mejor premio.