Opinión

El alma de Meriton

"Meriton Confidencial" deshuesa la sutileza de los procedimientos de Peter Lim

Layhoon

Layhoon

Anil Murthy fue una anomalía dentro del funcionamiento de Meriton. Su estridencia grotesca en el sillón presidencial de Mestalla, capaz de convertir al más gris autómata en un aprendiz de emperador, no respondía al perfil bajo de obediencia ciega y discreción que reclama Peter Lim a sus peones. Ante el don de la invisibilidad de Layhoon Chan, tan efectivo como para no dejar aparentemente huellas en el fisco, los almuerzos al sol en La Deportiva tenían toda la ausencia de circunspección de los cafés de los Soprano frente a la tocinería Satriale’s. No obstante, la anomalía Murthy se convirtió en un actor necesario para la causa de Lim. Eliminada la capa grasienta de su paso por el club, la administración singapurense podía vender un nuevo cambio, otro propósito de enmienda, la máscara retórica del reset, y la promoción de empleados como Sean Bai, que sin embargo no llegaron vivos a septiembre. Lección número 2. Meriton castiga no sólo los excesos de histrionismo, sino también las muestras de empatía de tipos como Bai, que osaron a identificarse peligrosamente con los valencianistas aborígenes.

La importancia de la segunda temporada de Meriton Confidencial desvelada por Super está en deshuesar la sutileza de los procedimientos de Lim. Las subcapas debajo de las ocurrencias de Murthy en la sobremesa. La revelación luminosa de que las administraciones valencianas deben negociar el convenio de un proyecto de la envergadura del nuevo estadio con una mercantil cuya máxima ejecutiva no ha presentado el IRPF de 2022 ni en Hacienda constan datos de su anterior etapa entre 2014 y 2017. El registro frenético de vuelos que confirman al Valencia como una especie de satélite perdido en el entramado de empresas de Lim. O visitas reiteradas a Manchester, capital europea para los Lim desde que en 2002 el magnate se quedase con la franquicia de bares oficiales de los Diablos Rojos en el sudeste asiático. Los negocios compartidos con la Clase del 92, desde hoteles al Salford City. Un club, por cierto, adquirido fuera de la EFL, las categorías profesionales del fútbol inglés, sin vigilancia de fair play, lo que permitió una gestión con fichajes prohibitivos que adulteraban la esencia del juego amateur, la pureza de los brillantes discursos de Gary Neville en Sky Sports cuando acechaba la Superliga. Neville aborrece a los Glazer y ama a Lim. Es como erigirse en defensor del comercio de proximidad en tu ciudad, pero apoyar negocios especulativos que arruinan ese mismo tejido local en otras latitudes.

En Meriton Confidencial se muestra la naturaleza del alma de la firma radicada en Hong Kong. Siempre estuvo entre nosotros, hasta con los dos regalos de bienvenida, André Gomes y Rodrigo Machado, notables y honrados futbolistas en los que la FIFA encontró, en las facturas, la gran motivación por la que Lim aterrizó en el fútbol, su fiebre mercantilista. Meriton vulneró en 2014 la independencia del Benfica contraviniendo hasta en 13 cláusulas el Estatuto de Transferencia de Jugadores. El máximo órgano futbolístico textualmente la «influencia abusiva» de una empresa tercera para parasitar las decisiones soberanas de un club. Por entonces, todavía se permitían las TPO, eso es ostentar la propiedad de los derechos económicos de futbolistas, prohibidas desde 2015. Tapiada esa vía, la única senda para seguir ejerciendo esa influencia era comprando un club de fútbol. Una institución histórica, con una implantación social enorme, pero arrodillada y sin fuerzas en la resaca de dos décadas de euforia desmedida a cargo de ¿élites? ahora borradas del mapa. Más que una compraventa, se firmó una rendición. Hoy, en el tablero de ajedrez del nuevo estadio, sin alfiles kamikazes como Murthy, con reinas ya no tan sutiles como Chan, con la maleza creciendo descontrolada entre los bordes de sus casillas, se marca el precio de la liberación.