20 de mayo de 2019
20.05.2019
20/05/2019

Punto y final para el 'Tito, Tito, gorgorito'

A 48 horas de la reunión del Consejo, la situación de Tito es tan kafkiana

20.05.2019 | 13:02
Punto y final para el 'Tito, Tito, gorgorito'

Como con el techo del Ciutat, a Quico lo han atropellado los plazos. A 48 horas de la reunión del Consejo, la situación de Tito es tan kafkiana respecto a su continuidad que hay argumentos, incluidos los de la renovación de su hijo Víctor, para sostener tanto una cosa como la contraria. El 'Tito, Tito, golgorito' termina este martes, pero lo único claro hoy es que la confianza del presidente está depositada en Paco López, sin duda la gran certeza a la que agarrarse. Convertido en director deportivo de facto, el entrenador dispone ahora mismo de la suficiente potestad como para poner en jaque los planes en Holanda, un stage que ya estaba encarrilado. Y a buen entendedor, pocos fichajes bastan para que no vuelva a pasar como con el de Vukcevic. Cambie o no el modelo de gestión, y más allá del nombre que lleven los nuevos cargos, no hay duda de quién es el mejor colocado para llevar la voz cantante en la política del primer equipo. Por debajo de Quico y Paco lo que falta ahora es un secretario técnico y eso es independiente de lo que pase con Tito, quien por cierto tiene apalabrado desde finales de marzo a Alberto Benito.

Cuestión de costumbres

Por evidente que sea la realidad de que Tito no cuenta con el respaldo que sí tiene Paco, en especial con el de un presidente que jamás le ha hecho el más mínimo guiño, el denominador común de la política laboral del Levante UD es el conservadurismo, así que no sería la primera vez que un técnico en entredicho renueva con tal de no asumir riesgos. De igual modo, denominador común es también que a las reuniones claves del Consejo se llegue con el pescado vendido.

De dimisión nada

Pese a la rocambolesca teoría sobre su vuelta, lo de Helguera a dos semanas de acabar contrato no es una dimisión sino la salida amable que Quico le ha brindado después de decirle que hiciese marcha porque no podía garantizarle lo que quería. Y evidentemente si a estas alturas Tito no ha dimitido ya no va a hacerlo ni tiene tampoco porqué. Eso sí, no hace falta el título de ninguna escuela de negocios para imaginarse cuánto va a poder exigir si renueva. El director deportivo ha cumplido los objetivos pero se ha salvado a una jornada del final, encima a costa de un cisma interno que va a costarle el puesto a quien no debería. A la hora de hacer balance, ni todo ha sido malo ni Tito en tres años ha sido capaz de dejar un sello.


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