24 de enero de 2020
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24/01/2020

Concentración, tíos, no cometo errores

No es de extrañar que el discurso en Las Gaunas sonase más a ruego que a exigencia

24.01.2020 | 20:20
Concentración, tíos, no cometo errores

El principal problema al que se ha enfrentado Celades como técnico del Valencia siempre ha tenido que ver, antes que con el dibujo o el estilo, con lo que se refiere al alma competitiva del equipo, una impronta guadianesca cuyo origen está en que la potestad de subir o bajar el listón, en función de sus intereses, recaiga en los jugadores.

Esa es realmente, por haber sido del todo innegociable con él, la gran herencia de Marcelino. Desde luego también su parte alicuota, al margen del 4-4-2, en las victorias en Stamford Bridge y Amsterdam, los dos puntos álgidos de la temporada.

No es de extrañar, así pues, que con la imagen después de Arabia y Palma en el subsuelo, amén del tufo a debacle por empezar la defensa del título de Copa ante un Segunda B, el discurso en Las Gaunas que le cazaron en El Chiringuito sonase a ruego más que a exigencia: «Concentración, tíos. No cometo errores. Hay que competir, va, va...».

La concentración, el no cometer errores y la competitividad, es decir, que para perder sean los rivales quienes tengan que ganarte, estaba siendo el caldo de cultivo con el que abonar expectativas. Un terreno fértil, por un lado, gracias a la serenidad de Celades para aplicar recetas sencillas y eficaces dentro del campo y, por el otro, a su habilidad para escaparse de todo lo que no tiene solución fuera de él.

Para el entrenador ni siquiera las lesiones se habían convertido en un problema hondo. Los aciertos brotaron cuando no había tanto donde elegir y, sin meter la cuchara en el espinoso tema de la portería, es ahora cuando los errores se suceden.

Entrenador y director deportivo se quedan vendidos

Tampoco fueron un inconveniente los mensajes menguantes sobre el mercado de fichajes. Sin embargo, una vez desempolvado Correia, lo de Rodrigo son palabras mayores. No porque su lesión sí que le haya sentado como un tiro, sino porque para colmo su posible traspaso es un martillo pilón ante el que en público, como el nuevo director deportivo, se ha quedado vendido.

Con miedo a meter la pata, ante las preguntas de rigor ni siquiera hizo este vienes por hablar y es más que una sensación que tampoco habría sabido qué decir. En un momento como el actual, con la que está cayendo, el club no debería permitir de ningún modo, por imagen y prestigio, que sus principales portavoces se queden así, a la intemperie. Igual que la afición, para la que el mensaje de restar cuando lo que se esperaba era sumar es demoledor. Contra el Barça, al menos, no hay duda de que el listón va a estar alto.

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