29 de julio de 2018
29.07.2018
OPINIÓN

Permítanme hoy esta licencia... de veinte años

Día especial, un día como hoy de 1998 empecé mi aventura con el Valencia Basket en Superdeporte

29.07.2018 | 17:48
Bill Varner, a su llegada a Manises en 1998.

Hay que ver como pasa el tiempo. También trabajando. Hoy se cumplen exactamente veinte años de mi primer artículo del Valencia Basket en Superdeporte, y eso da para pensar en muchas cosas. De hecho por entonces no era Valencia Basket, era Pamesa, y ni siquiera vestía de taronja. ¿Para qué más? Por eso, y sin que sirva de precedente, me voy a tomar esta licencia de unas pocas líneas. Una licencia de veinte años.

El becario

Aún recuerdo el día en que Pilar López y José Manuel Parra me dijeron en la redacción «tú vas a llevar el baloncesto». Era verano, la cosa estaba justita, no había internet y tocaba tirar del ´becario´ más o menos espabiladete. No puse muchas pegas la verdad. Iba a ser algo eventual, producto más de la necesidad por las vacaciones que otra cosa, pero nos hemos liado tanto que ha llegado hasta hoy.

Estreno oficial

El estreno oficial llegó el 28 de julio de 1998 –el periódico salió un día después, claro–. Bill Varner, recién fichado por el Pamesa, aterriza en Manises. El jugador en cuestión tenía 37 años, quince más que yo entonces, lo cual visto desde la perspectiva actual asusta, la verdad. Y allí estábamos, un servidor junto a otro ´pollastre´ llamado David Blay con gente como Carles Baixauli, Amadeo García, Jorge Aguadé, Juanjo Montaner o Minerva Mínguez. Curtidos periodistas de basket a los que siempre agradeceré sus consejos y ayuda en esos inicios. Por entonces se trataba sobre todo de ver, oir, callar... y aprender –nada que ver ahora con las nuevas generaciones y la era digital–.


La familia ´taronja´

Ahí empezó realmente esta aventura con la gran familia taronja, un club nada fácil, complicado en muchos aspectos cuando tu profesión es la de periodista –demasiado a veces–, pero con gente que merece muy mucho la pena. Son muchos a los que debería nombrar hoy por su ayuda y amistad en todo este tiempo, pero casi que será mejor dejarlo para nosotros –secreto profesional hasta las últimas consecuencias– . Eso sí, me quiero acordar sobre todo de dos personas. Del doctor Jorge Mora, de su fina ironía, sabiduría y sentido del humor, y de Amador Alcaide, de esa eterna sonrisa adornada con sus ocurrencias y sencillez. Sería imposible olvidarles, como a tanta y tanta gente, aunque ya no estén entre nosotros.

El trayecto

En el trayecto, como en cualquier episodio de la vida, ha habido de todo. Sobre todo bueno... y también fantástico. Con esto último me quedo. Al igual que debería hacer el club después de conquistar la Liga Endesa hace poco más de un año. Todo sacrificio tiene su recompensa, y en nuestro caso la hemos tenido. Ahora bien, ni de lejos es cuestión de conformarse. Hay que seguir remando con fuerza y con una ventaja añadida, la de los errores cometidos en el pasado.

El mecenas

¿Y cómo después de veinte años no me iba a permitir dedicarle unas líneas a Juan Roig?. Alguien que, después de tanto y tanto, es capaz de seguir moviéndose por el corazón. Y eso siempre merece la pena. Él ha hecho posible esto, nos ha permitido soñar con canastas, disfrutar, y a muchos directa o indirectamente hasta poder dedicarnos a aquello que nos apasiona. Un ´lujo´ en estos tiempos. Por eso, escribir más allá de un sincero «gracias» está de más. Extensible por supuesto a Fernando Roig y Hortensia Herrero.

A SUPER

Un gracias que también es para SUPER. Para los que estuvieron, para los que siguen y para los que han llegado. Porque juntos hacemos cosas impensables con un único objetivo; hacer de lo nuestro lo mejor.

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