Un cambio de identidad obligado

El jefe del banquillo de Mestalla ha tratado de minimizar el impacto de bajas como la de Almeida, que le quita muchas opciones en el centro del campo

Rubén Baraja

Rubén Baraja

Pablo Leiva

Pablo Leiva

El Valencia CF de Baraja ha mutado por obligación en los últimos meses. Del equipo que arrancó el curso al último que se vio contra el Celta, el cuadro dirigido por el ‘Pipo’ ha notado un cambio producto de las ausencias y de las lesiones. En la primera jornada, el equipo saltó al campo con tres centrocampistas, dos extremos y un delantero mientras que ante el conjunto gallego la elección fue la de un doble pivote de Pepelu y Javi Guerra para jugar con cuatro atacantes directamente. 

La mutación ha sido progresiva y la sensación es que el equipo, a raíz de juntar un doble pivote con cuatro atacantes, ha sufrido un problema ofensivo no tanto por número de ocasiones sino por potenciar a los distintos futbolistas. Los roles están definidos y aunque al equipo no le ha afectado a nivel defensivo porque ha sido capaz de dejar la portería a cero en los tres últimos partidos en casa, el equipo se abre más y ‘viaja’ menos de manera conjunta sobre el terreno de juego. ¿Cuál ha sido la evolución en esta temporada?

El Valencia de Baraja empezó con Diakhaby junto a Pepelu con un objetivo muy claro: presión alta con un tercer centrocampista (Javi Guerra o Almeida), dos extremos (Fran Pérez y Diego López) más la figura de un delantero centro titular (Hugo Duro). Con ese esquema, el Valencia se mostró sólido en el Pizjuán y también logró el triunfo ante Las Palmas en un partido espeso pero que a la larga ha quedado claro que el mérito también fue del cuadro amarillo, que es uno de los menos goleados de la categoría.

Por aquel entonces, el problema estaba en el tercer medio. La figura de Diakhaby, incluso los problemas en el centro de la zaga, obligaron a mover al francés del centro de la defensa. La opción Almeida como falso segundo delantero junto a Pepelu y Javi Guerra fue la que encajaba a un Baraja que a partir de ahí parecía tener un once tipo muy definido pero que ha ido mutando. Y el principal problema es que no porque el Pipo quiera, sino por los problemas físicos del portugués, que se juntan a la irregularidad de Amallah. 

Eso ha provocado que en el último encuentro el Valencia tenga que iniciar su partido con el Celta con cuatro atacantes y curiosamente es el único partido de toda la temporada en que acabó los 90 minutos sin disparar a portería. Guaita fue un espectador de lujo que apenas tuvo que corregir un par de acciones en centros laterales que acabaron sin demasiado peligro. El 4-2-4 no le sienta bien a una plantilla que además tiene en la rotación otro de sus grandes problemas. 

Canós está forzando y siendo titular sin estar todavía al cien por cien. Y lo que podría ser un buen recambio para media hora se está convirtiendo en un jugador intermitente que tiene mucho que dar pero que todavía no ha estado al nivel que se podía esperar. Con todos los ‘primeros espadas’ como titulares, más allá de su nivel o no, la realidad es que el banquillo es un drama y Baraja lo está notando.

Si a comienzo de curso ya era un problema pero tocando dos o tres piezas podía encontrar motivos para decantar la balanza, ahora es un imposible con las ausencias de Almeida o Diakhaby en las últimas semanas (ambos alternativas en el medio). Y también con jugadores que no están a su máximo nivel físico y que arrastran molestias como José Luis Gayá o Pepelu.