14 de noviembre de 2018
14.11.2018
14/11/2018

Jefes, cabecillas, abusones

Para salir de la crisis es imprescindible aprender de los errores

14.11.2018 | 23:42
Jefes, cabecillas, abusones

Iré directo al grano y seré claro. Si yo como periodista llamo hoy al Valencia, y le digo «señor Valencia CF, ¿están valorando la posibilidad de reforzar el equipo en el mercado invernal?», y el señor Valencia CF me responde que no, tengo dos posibilidades, ser inteligente o ser un simple. O dicho de otra manera, activar mi faceta de periodista o no activarla, es decir, entender que el señor Valencia CF puede mentirme perfectamente porque no es mi pareja y no tiene la obligación de decirme la verdad si es que a la pareja uno siempre le dice la verdad, que está por ver. Si creo que el señor Valencia CF me dice la verdad cuando asegura que no van a fichar en invierno, automáticamente tengo que decirle que es un incauto, un inconsciente y un irresponsable. ¿Después de doce partidos de Liga el Valencia solo ha ganado dos y va el 15 en la tabla y no se plantean fichar? No sé si el Valencia CF fichará porque las negociaciones con los futbolistas elegidos no han ni comenzado, pero si Marcelino, Mateu y Longoria no se plantean reforzar el equipo en estos momentos, es para ponerse a llorar. No hará falta, ellos están tan preocupados como cualquiera de nosotros. Ver que también están ocupados, es buena señal.

Aprender de la crisis

De la crisis de la que trata de salir el Valencia CF solo se sale trabajando duro y habiendo aprendido de los errores. Marcelino estuvo semanas negando la evidencia hasta que se le puso cara de susto y dejó de hacer cambios alegremente de un partido a otro. Digo esto porque espero que el entrenador haya aprendido de los errores cometidos y no espere a que la cornada sea de extrema gravedad. Hasta que no se dio cuenta que podía ser víctima de la ley del fútbol y los resultados, no cambió nada. El equipo puede recuperarse pero para ello queda todavía mucho trabajo por delante.

Sobre el líder

Si usted quiere saber quién tiene madera de líder entre aquellos que le rodean, espere a que las cosas vayan mal porque probablemente emergerá de manera natural. Esto es algo que he hablado con muchos futbolistas y directores deportivos, es decir, el entrenador puede elegir un capitán, y normalmente el capitán será uno de los pesos pesados del vestuario, no va a ser tan primavera de darle el brazalete a un recién llegado que no domina el idioma, eso no pasa. Pero por encima de la elección de capitán del entrenador, está el líder que emerge dentro del vestuario, y ese, a la larga, termina siendo más real, porque su principal condición como líder es que los compañeros reconocen en él tal virtud. Y uno no puede ser líder si los que le rodean no lo consideran líder. Digo esto al respecto de Dani Parejo. He dicho cientos de veces que si el mundo se divide entre parejistas y antiparejistas a mí me pongan donde los primeros, pero si Parejo lleva la bandera de mi equipo tengo un problema. Ojo que tiene cosas buenas para el ejercicio el liderato, principalmente una sangre fría que hace que no se esconda para tirar un penalti en los momentos más complicados y de esos hemos tenido alguno en los últimos años, pero en mi opinión, no termina de reunir esas cualidades que vi en tipos como Albelda o Baraja. Y en esta crisis que Marcelino no quiere reconocer en público a pesar de la cara de susto que hace en las últimas semanas, hay un tipo que ha dado un paso adelante contra todos. Gayà siempre en mi equipo. José Luis, coge la bandera cuanto antes. Llegó tu hora.

Posdata:

De algo tiene que servir haber leído Jefes, Cabecillas y Abusones de Marvin Harris. «Los cabecillas de los grupos indios brasileños como los mehicanus del Parque Nacional de Xingu nos traen a la memoria la fervorosa actuación de los jefes de tropa de los boyscouts durante una acampada de fin de semana. El primero en levantarse por la mañana, el cabecilla, intenta despabilar a sus compañeros gritándoles desde la plaza de la aldea. Si hay que hacer algo, es él quien acomete la tarea y trabaja en ella con más ahínco que nadie. Da ejemplo no sólo de trabajador infatigable, sino también de generosidad. A la vuelta de una expedición de pesca o de caza, cede una mayor porción de la captura que cualquier otro, y cuando comercia con otros grupos, pone gran cuidado en no quedarse con lo mejor. Al anochecer reúne a la gente en el centro de la aldea y les exhorta a ser buenos. Hace llamamiento para que controlen sus apetitos sexuales, se esfuercen en el cultivo de sus huertos y tomen frecuentes baños en el río. Les dice que no duerman durante el día y que no sean rencorosos. Y siempre evitará formular acusaciones contra individuos en concreto». Ahí tienen el ejemplo claro, el líder nace, no se elige a dedo...

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