Periodista de profesión durante casi cuatro décadas y presidente de la Fundación desde 2017, Vicente Furió es consciente de que el Levante se adentra en un periodo de transición en el que su organismo tendrá un papel importante. Sin embargo, rompe una lanza a favor de la gestión de Quico Catalán, más allá de lo que pase a final de año, e insiste en vender al levantinismo las 8.000 acciones que sacan al mercado.

Después de 38 años ejerciendo como periodista, ¿Echa de menos una redacción?

No (ríe). Soy de los que piensa que la vida está bien montada. Naces, te reproduces, vives y mueres. Las profesiones son iguales, y cuando las circunstancias deciden que tienes que dejar de trabajar no puedes vivir de la nostalgia. Tienes que reinventarte y hacer otras cosas. Me he recorrido todos los campos de Europa y, cuando los veo por televisión, no siento nostalgia. Otras generaciones tienen que hacer eso. 

En esas actividades está su cargo en la Fundación.

Sí, y es algo que me llena mucho. No estoy por ningún interés social ni económico, sino sentimental. Llegué con las manos vacías y cuando salga lo haré igual. No percibo ni un solo céntimo por mi actividad ni me pagan nada. Los que dicen que me estoy enriqueciendo con la Fundación son personas mal informadas.

¿Se imaginó este Levante alguna vez en su vida?

El Levante 2009-2022, aunque en este año estemos atravesando una crisis importante, nunca soñé con que el Levante del siglo XXI estaría catorce años en Primera. Quico Catalán, con sus errores y aciertos, está cubriendo una legislatura muy difícil de igualar. 

¿Por qué se ha llegado a la situación que vive el club?

El Levante llegó a un punto muy alto cuando se clasificó para las semifinales de la Copa del Rey en la temporada anterior y, a partir de no entrar en la final, alcanzó un bajón que no se ha sabido enderezar. El final de Paco López es muy triste y lo posterior también. Ha sido una absoluta pérdida de confianza y las decisiones que se han tomado no han sido las adecuadas. Las decisiones que han llevado al Levante a donde está no han sido a mala fe, pero van en cadena. En lo económico, le lastró ingresar treinta millones por Jefferson Lerma. Esa cantidad no fuese bien invertida. 

¿Cómo ve a Quico Catalán de cara a su examen?

Cuando la temporada actual finalice, el presidente nos comunicará que evaluemos su trabajo y el pleno del Patronato decidirá los pasos a seguir. La Fundación no es presidencialista, es un colectivo. La opinión de todos se tiene que tener en cuenta. Mi opinión personal es que, pase lo que pase este curso, Quico y su equipo de trabajo tienen que terminar su mandato. Tenemos por delante tiempo para preparar una transición, una alternativa o para trabajar con su continuidad. Pero Quico, a día de hoy, no tiene una alternativa visible. No hay nadie que quiera tomar el testigo en 2023. Que acabe su mandato dentro de casi dos años es un hecho concreto. Si su equipo de trabajo tiene ganas e ilusión de seguir, y cuenta con el respaldo accionarial de la gente, seguirá. Si no, no podrá continuar aunque tenga los proyectos del estadio y de la ciudad deportiva pendientes. Él puede irse si cree que su ciclo ha terminado o si le llega algo que le motive más. 

¿Está preparado el club para una hipotética salida? ¿Van a buscar una alternativa?

La Fundación del Levante no ha salido en ningún momento a la calle a buscar a ningún accionista. Al igual que no ha aprobado ni la remodelación de los estatutos. A título personal, estaría bien estudiar una posible actualización de los mismos. De todos modos, tengo mis dudas sobre el futuro del actual modelo, es decir, en lo que refiere a la Fundación. Veremos cuál es su hoja de ruta.

¿Se prevén movimientos en la Fundación de cara a futuro?

Los movimientos en la Fundación, en el caso de que se empiecen a producir con respecto a la remodelación de los estatutos, van a ser muy bien pensados y muy lentos. Si el Patronato aprueba en junio remodelar los estatutos habrá que nombrar una comisión ejecutiva, una comisión de trabajo y ponerse de acuerdo para la confección de la comisión de trabajo. Cuando empiecen a trabajar las propuestas tienen que estar de acuerdo con la ley, y tendrá que aprobarlo el protectorado de fundaciones. 

¿Piensa que hay que darle un lavado de cara?

El quid de la cuestión es que se quiere que se mejore la representatividad de la Fundación para que aglutine la sensibilidad del levantinismo, que aglutine al mayor número de gente posible. Remodelar o mejorar los estatutos no quiere decir que será lo que la gente quiera o lo que yo quiera, saldrá lo que se pacte. Me gusta llegar a los acuerdos. Ejerzo de presidente, pero soy un voto más. Sin embargo, una institución no puede permanecer quieta. Tiene que mejorar siempre en todo. Es el desafío que tenemos que afrontar de cara a futuro. 

Ahora, uno de los frentes de la Fundación es vender un paquete accionarial. ¿Verdad?

Sí, y si se distribuye, mejor. Si viene un accionista y las quiere comprar, el patronato de la Fundación tendrá que tomar una decisión. Si se las vende o no se las vende. Actualmente solo se pueden vender a una persona, a una institución o a una empresa cien acciones. Primero hay que vender las ocho mil, pero ni mucho menos regalar. En estos momentos, siendo accionista del Levante, con cuatro acciones, en un abono ya te descuentan sesenta euros. Y si acudes a los diecinueve partidos tienes un nuevo descuento. Ahora mismo no hay ninguna empresa del IBEX que dé tanto dividendo como el Levante. 

¿Cómo se fomenta la compra de acciones al levantinismo?

Las acciones no son vitales para vivir. No es un artículo de primera necesidad. La motivación es el descuento de sesenta euros en el pase. Quien tenga una acción, en dos años la amortiza. Lo que se pueda hacer ahora es una decisión del Consejo, no de la Fundación. No obstante, cuanto más repartidas estén las acciones no me voy a negar, pero actualmente, el Levante tiene casi diez mil accionistas. Una sociedad, con 124.000 acciones, no se puede regir si hay 120 mil accionistas. Sería una asamblea diaría todos los días. Siempre tiene que haber un accionista de referencia, que a día de hoy es la Fundación. 

¿Y por qué se toma la decisión de sacarlas a la venta?

Porque había gente que quería comprar y para que las acciones corran por el organismo granota. Todo el mundo puede comprarlas. Ojalá se pudieran vender más, pero sin perder la perspectiva de que tiene que haber un accionista de referencia. Cuantas más acciones tengas, más capacidad de decisión tienes porque el Levante es una sociedad anónima. No obstante, el aficionado que no tenga acciones en la actualidad es porque no quiere. Si no tiene porque económicamente no puede no tengo nada que decir. No obstante, es sociedad anónima desde hace veintiocho años. Las acciones no se van a regalar. No obstante, una persona con una acción puede ser presidente del Levante, pero una con cien acciones no puede gestionarlo. Ahí está la diferencia principal.

¿Pagar una acción qué implica según su criterio?

Que el equipo esté bien, al igual que sus secciones, pasa por los abonos y las taquillas, pero pagar una acción implica que la Fundación, como referencia, baje su peso y se distribuya el poder de las acciones. Estoy en la línea esa. Pasaríamos de un 62 por cien a un 53 aproximadamente. Como el Levante no cotiza en bolsa, el valor de las acciones cuesta lo que uno quiera pagar. Pienso que las acciones se compran a la Fundación, pero si, por ejemplo, hay una persona que tiene diez acciones y las quiere vender porque no le interesa poseerlas, las puede vender en la calle según la cantidad que considere. Es inevitable hacer algo ahí. Incluso las puedo regalar. No estoy haciendo nada malo. Ahora valen 135 euros, y en la calle, lo que entre particulares se quiera pagar.

Entonces, ¿Cuánto vale en Levante en su totalidad? ¿Tiene precio?

No. Es un sentimiento y yo no hago negocio con los sentimientos. Es una posición utópica, pero es la mía. No estoy en la Fundación para mercantilizar, ni para relacionarme socialmente ni para enriquecerme. Estoy en un acto de servicio. Para mí el Levante es una ilusión desde que nací. A mí el fútbol me aburre. Soy del Levante, pero que sea una ilusión, un sentimiento y no quiera hablar de cantidades no significa que no sea realista. Es una sociedad anónima y hay que cuidar su patrimonio, su presente y su futuro. 

Por tanto, ¿Qué futuro quiere usted que tenga el Levante?

En una perspectiva realista, un Levante que se mantuviese en Primera el máximo tiempo posible, que su cantera fuese mejorando de forma progresiva y, como utopía, un Levante con jugadores valencianos. Y, sobre todo, sostenible, donde se gaste menos de lo que se ingresa. Seguro que habrían errores, pero es mi ilusión.