Se acabó. El sueño de competir entre los mejores a nivel nacional llegó a su fin. Representando el dolor que supone caer al infierno y de la manera más cruel posible. La derrota ante el Real Madrid (6-0) significó la finalización de su estancia en la élite. La temporada que viene, los granotas, tras un curso aciago y que cogió emoción por el arreón del equipo, jugarán en Segunda División con el drama que supone.

Desaprovechando la oportunidad de competir en la élite del fútbol español y con el desconsuelo como bandera. Mendy, Benzema, Rodrygo y Vinicius por partida triple sentenciaron al Levante en lo que fue una auténtica condena, echando sal a las heridas y sin piedad. Una verdadera tragedia que despierta el sueño de la Primera División, en medio de la pena, el duelo y el tormento, e independientemente de que el escudo y su afición sean de máxima categoría. Sin olvidar a los 358 valientes que estuvieron en el Bernabéu muriendo con los suyos. Porque, más allá de la división, nada cambiará aunque el descenso lo altere.

Pese a que el Levante entró en el partido mordiendo, el Madrid, por su propio peso, sometió a los granotas a un asedio sin compasión. Rasurando las heridas y abriendo la puerta del abismo hacia la división de plata del fútbol español. Benzema, a los 120 segundos, avisó de las intenciones blancas con un lanzamiento desde la frontal que Cárdenas repelió, siendo el prólogo del drama. Antes del cuarto de hora, el primero, en clave local, cayó en las profundidades del Bernabéu.

Modric se quitó de encima la presión de Radoja y, ante el desbarajuste defensivo, Mendy, entrando en el área como si de un extremo se tratase, golpeó la confianza granota, que desde el 1-0, se sumergió en instantes de fragilidad y vulnerabilidad. Un palo de Valverde minutos después pospuso el segundo tanto, que acabaría llegando antes del ecuador mediante la testa de Benzema, que aprovechó un envío preciso desde la frontal de Vinicius para pisotear a un Levante que se convirtió en un alma en pena. Ni le salieron las cosas ni puso oposición a un Madrid que lo zarandeó. Y entre medias, Cárdenas, que evitó una goleada mayor sacando una mano abajo a Vinicius, y evitando un tanto de Valverde desde fuera en complicidad con el larguero, vio, enrabietado, cómo Rodrygo, a la media hora, remató la faena.

Tal fue el bochorno, que Alessio Lisci no esperó al descanso para mover piezas. Salieron Cáceres y Radoja a diez minutos del final de la primera parte por Enis Bardhi y José Campaña, pero ni uno ni otro activaron a un combinado levantinista desolado, testigo de cómo en Real Madrid no levantó el pie del acelerador. El frasco de la sal pareció inagotable, ya que los de Carlo Ancelotti no dejaron de echárselo a las heridas del Levante en lo que fue un vendaval interminable. Finalizando el primer asalto, Modric, a través de una combinación, encontró a Vinicius y allanó el 4-0 con un disparo al palo largo. Una fiesta de tonalidad madridista, que le sirvió como tibio ensayo para la final de la Champions frente al Liverpool mientras los trámites del descenso se fueron formalizando.

El panorama fue tan desolador que la segunda parte se convirtió en un velatorio, con el Real Madrid velando el cuerpo del Levante. Los granotas lo intentaron trazando jugadas, más en estático que de manera vertical y rompiendo líneas, pero con la frustración del contexto y de cuáles iban a ser las consecuencias de la dolorosa derrota como castigo.

No obstante, tirando de orgullo, José Morales, Pepelu y Cantero pugnaron por maquillar el sonrojante marcador ante la meta de Courtois. El '8' se quedó a centímetros del larguero desde fuera del área, el Comandante rozó el palo y Cantero, desde la banda e internándose en el área, cruzó un disparo que se fue por poco. Sin embargo, aún quedaría la puntilla. Como si de un abusón se tratase, el Real Madrid sacudió a su rival. No tuvo suficiente. Cuando pudo noquear, lo hizo. Además, con tintes de crueldad y evidenciando la caricatura. Luka Modric, que actuó en modo súper estrella, filtró un pase a Benzema que le dejó solo ante Cárdenas, pero, en vez de finalizar, recortó tantas veces como pudo hasta que venció al canterano, para que Vinicius, en boca de gol, pusiese el quinto. Y para más inri, el brasileño metió el sexto en medio de una feria defensiva.

Desde entonces, ni el mayor de los optimistas a nivel mundial confió en lo que hubiera sido un verdadero milagro. Y los minutos transcurrieron, consumiéndose como una vela que se apaga para reflejar la cruda, difícil y dura realidad del Levante. Una caída al barro de Segunda División que duele, más allá de las formas, pero que ha de servir de impulso y redención para volver y, sobre todo, para valorar el tesoro que significa competir entre los mejores.