El empate contra el Huesca bajó de las nubes a un Levante que arrancó el curso sumando un punto en su casillero. El cuadro de Mehdi Nafti, ante las buenas sensaciones que registró en pretemporada, se las prometió felices en su vuelta a la Segunda División, pero se dio cuenta de que el trayecto hacia la cima del ascenso no será un camino de rosas. Pese al dominio al que sometió al combinado dirigido por el Cuco Ziganda, las imprecisiones pesaron en exceso, a la vez que un sistema rival que encorsetó las ideas que tuvieron los locales en las proximidades del área.

Sin embargo, no será la primera vez en la que los granotas medirán fuerzas contra equipos que cierren sus espacios y que limiten el potencial ofensivo que atesora el Levante. «Bienvenidos a la Segunda División. Creo que quien no supiera cómo iba a ser, a partir de hoy ya lo sabe. Cada partido es muy complicado. Hemos generado ocasiones y llegado al área. Nos hubiera gustado generar más claras, pero es lo que hay», comentó Gonzalo Melero en zona mixta tras el choque . 

El Huesca aterrizó en el Ciutat de València consciente de que competiría ante un recién descendido y actuó con sus armas. Esperar atrás juntando líneas, proyectar velozmente y exprimir los espacios al contragolpe fue el planteamiento con el que salió vivo de Orriols. Pese a tratarse del primer duelo liguero, será el guion con el que tendrá que lidiar el Levante en los partidos que dispute como local por cuestiones de superioridad. A excepción de los descendidos y los que se quedaron a las puertas de ascender, que afrontan la categoría como el impulso o la necesidad de subir.

«Lo que ha hecho el Huesca lo he hecho yo. Es otra parte del futbol y a mí me gusta. Pero no lo podemos controlar. Tenemos que centrarnos en lo nuestro y tratar de perforar la muralla del rival. Ha habido ocasiones de gol, y ha habido muchos rebotes. Seguro que algún día el balón entrará. Los chicos se lo merecieron por esfuerzo y por fe», dijo un Mehdi Nafti que, al igual que gran parte de la primera plantilla, se encuentra en un contexto un tanto desconocido. 

El técnico franco-tunecino tuvo su primera toma de contacto en competición oficial en un equipo con objetivos más ambiciosos que en sus dos últimas experiencias. Tal y como comentó en una entrevista con SUPER, días después de firmar como nuevo entrenador granota, «en el Lugo y en el Leganés fui de apagafuegos. Yo no sé lo que valgo empezando una temporada». En el Anxo Carro y en Butarque tuvo la obligación de salvar la categoría, y ante equipos superiores, tal y como desveló en la rueda de prensa posterior al choque ante el Huesca, empleó las armas de los oscenses en el Ciutat de València.

Dos meses más tarde, el nacido en Toulouse ya sabe qué le espera a su Levante en el curso 22/23. El equipo granota, además de la precisión de cara a portería, deberá trabajar en contextos adversos y en fortalecerse mentalmente. Sin embargo, el estadio de La Romareda, escenario del próximo rival, pondrá a prueba el estado del Levante.