Siete enfrentamientos sin perder no es casualidad. En una competición larga y exigente a la vez, es inevitable pensar que la dinámica de resultados positivos finalizará, pero el Levante, actualmente, transmite imbatibilidad. La sensación de que nadie es capaz de tumbarlo. En el fútbol nada surge mediante el azar, y aunque en ocasiones sea caprichoso, esta vez fue cruel. Las Palmas, rival directo para ascender a Primera, sigue viendo a los de Javi Calleja por debajo, después de sufrir en sus carnes a un equipo que aumenta con el paso de los días su ilusión de volver a competir entre los mejores, pero que terminó perdiendo dos puntos sobre la bocina siendo inferior a su contrincante. Soldado, desde el punto de penalti, decantó un partido de altísima dificultad, pero que terminó siendo equilibrado con un testarazo de Cardona (1-1). Siete partidos sin perder no es casualidad, pero el empate contra Las Palmas, cuando la victoria empezó a teñirse de azul y grana, entró con las amarguras que produce una derrota.

Acelerado y con la sensación de tener prisa, el Levante no quiso perder el tiempo. Lo demostró una vez el colegiado señaló el inicio de la cita, con un duro disparo de De Frutos solventado a través de una combinación exquisita con Campaña. Tras un comienzo de competición insuficiente, el equipo de Javi Calleja no le tuvo miedo a la presión de asaltar el tercer puesto después de la victoria del Burgos en Santander. Tampoco trasladó nerviosismo. Ni cuando Jonathan Viera, principal amenaza canaria, asustó al graderío del Ciutat con un disparo que se marchó lamiendo la meta de Dani Cárdenas.

El Levante, en todo momento, mostró personalidad. De hecho, existieron momentos donde se gustó a la hora de manejar el esférico. Sin embargo, Las Palmas no dio pie a negociar para estirar su mala racha de resultados. Los chicos de García Pimienta le echaron picante a un partido que, salvo en contadas ocasiones, no bajó sus revoluciones. El gol, fuera de un bando o de otro, rondó en el barrio de Orriols. Superado el ecuador de la primera parte, un lanzamiento de Álvaro Jiménez, tras apertura de Loiodice, impactó con el lateral de la red. Fue la rebelión canaria, que ante su aumento de confianza, el Levante se encontró con más obstáculos en su camino hacia la victoria, ante un cuadro amarillo terminó el primer asalto amenazando la portería levantinista con Óscar y Andone como agitadores.

Por ello, el descanso le vino bien a los de Calleja, al saltar al verde con la misma actitud que se vio en el inicio y que se desinfló con el transcurso de los minutos. Le costó arrancar en la reanudación, pero, en su primer acercamiento, el Levante se topó con un penalti que allanó el trayecto hacia los tres puntos. En un balón parado de Campaña al corazón del área, Sergi Cardona cazó a Rúben Vezo, y Quintero González, asistido por el VAR, señaló la infracción. Muchos fueron los candidatos para lanzar la pena máxima, pero el destino señaló a un protagonista desde el principio. Encargado de suplir a Bouldini, y reforzado por su doblete en Copa ante el Olot, Roberto Soldado supo que era su oportunidad. Asumió la responsabilidad del lanzamiento y lo transformó, para delirio de un Ciutat que enloqueció con el '9' tras su tanto en el 51'.

Momento en el que la pelota es despejada por Vezo tras haber entrado F. Calabuig

No obstante, el Levante se empeñó en conseguir un marcador más cómodo, pero Las Palmas también jugó sus cartas. Se negó a salir del ascenso directo contra su voluntad. Pejiño y Mfulu, desde fuera del área, hicieron trabajar a un Dani Cárdenas que respondió de manera solvente, en medio de un entramado defensivo que fue complicado de superar. De hecho, el ejercicio de resistencia levantinista fue plenamente justificado, ya que los tres puntos atesoraban un valor incalculable. Por ello, tocó cabalgar al contragolpe. Cantero, a pase de Pepelu, tuvo cerca el gol, aunque fue Las Palmas quien metió el miedo en el cuerpo. Sobre todo, cuando dos envíos laterales, ejecutados con veneno en las cercanías de la portería, no rozaron a ningún jugador amarillo de milagro. Tocó sufrir. Demasiado, para el gusto de los presentes, pero el triunfo terminó esfumándose. Marvin, cuando restaban treinta segundos de partido, la puso perfecta para que Marc Cardona le diese un punto a los suyos que les supo a gloria. Siete partidos sin perder no son casualidad, pero el sentimiento de lástima fue inevitable.