Dos puertos de montaña, y de los más duros, son los que le esperan al Levante en apenas cinco días. Sevilla y Atlético aguardan como rivales de enjundia a un equipo que sigue sin poder acercarse a mínima gloria del triunfo.

Con una semana completa de trabajo, Javier Pereira ha tenido algo más de tiempo para conocer de cerca a sus jugadores y sobre inculcar ese patrón que quiere en el campo. El Pizjuán no es el mejor escenario para revertir una racha tan obsesiva y eterna, aunque el hecho de no contar con el peso de la presión puede ser un factor a aprovechar.

Aunque la enfermería ofrece ya bocanadas de oxígeno, el contratiempo de Roger supone otra punzada en una campaña que indudablemente merece una autocrítica desde todos los estamentos. Es inconcebible que hasta 13 jugadores hayan caído lesionados hasta el momento. La mala fortuna no sirve excusa. El choque ante el Getafe evidenció que la planificación, maniatada por el corsé económico, no está tan normalizada como se podía esperar pese que las principales salidas estuvieron bloqueadas. Pereira necesita más madera arriba y en las bandas.

El mercado de invierno, aunque históricamente es un vivero de desesperación, ha de servir como oasis. Una vez más la dirección deportiva deberá confirmar lo que no pudo en verano. Sacar jugadores para que lleguen otros. Si antes fue difícil, la ingeniería ahora se antoja mucho más enrevesada, pero no queda otra. No hay que dejar ninguna reserva en el armario porque lo que hay en juego es mucho.

La evidencia muestra que el nivel general del equipo ha bajado de manera alarmante y entre los nombres que más chirrían es para un servidor el de Jorge De Frutos. La pasada campaña me encandiló. El segoviano se ganó por rendimiento y trabajo el rol de insustituible y diferencial. Su salida fue la que más cerca estuvo de confirmarse en verano aunque las tentativas no cristalizaron. Marcado, como tantos otros, por los problemas físicos, De Frutos no termina de encontrarse. Su semblante en los partidos refleja la impotencia de no verse en su versión ideal. Esa chispa, descaro y talento que imprime en el verde son valores que necesita Pereira y el Levante. Es un debe más del técnico pacense. No estoy en la corriente de los que piensan que De Frutos fue flor de una temporada y que estuvo por encima de su nivel. El segoviano es un futbolista que el levantinismo debe disfrutar y aprovechar, un jugador de muchas estrellas. Recuperarlo daría ese impulso que ahora mismo tanto se necesita.

Más me preocupa la situación en la portería. La alternancia implantada por Paco López entre Aitor y Cárdenas imprimió un nivel envidiable para cualquier equipo de LaLiga en un puesto tan determinante y especial como es el del guardameta. Pereira no ha escondido que su titular es Aitor. Aunque Cárdenas es una persona fuerte, el mazazo moral ha debido existir. Al joven portero catalán nadie le ha regalado nada y sus brillantes actuaciones le otorgaron un rol para mirar de tú a tú a Aitor. Pelear por cambiar la opinión del entrenador debe ser su función a partir de ahora aunque inevitablemente su renovación puede ahora mismo cobrar un giro de incertidumbre y que hay que entender. Los acontecimientos y el paso de la temporada van a ser claves para él y para el club pero sería una lástima no cerrar con candado, nunca mejor dicho, a un portero del presente y con un inacabable futuro.