En el momento más crítico y decisivo de la temporada, Mestalla no fallará. El estadio valencianista colgará mañana el cartel de «no hay entradas» en la eliminatoria de cuartos de final a partido único contra el Athletic Club en la Copa del Rey.

La profunda racha adversa del conjunto entrenado por Gennaro Gattuso, con un partido ganado de los últimos nueve en LaLiga, y que le han hecho caer a la lucha por no descender a Segunda división, no ha frenado el entusiasmo de los aficionados. Este lunes solo quedaban menos de 500 entradas a la venta. Mestalla será el de las grandes noches.

La afición blanquinegra ha acudido a la llamada, consciente del doble desafío que aguarda contra los leones. En juego está el paso a unas semifinales que dejarían a solo dos partidos de distancia la posibilidad de repetir la final de la temporada pasada. Aferrarse a la última posibilidad de un título representa, además, una ocasión de reactivación social del valencianismo.

El Valencia CF celebra su goleada en Gijón ante el Sporting para meterse en los cuartos de la Copa del Rey Eloy Alonso

Por otro lado, avanzar la Copa debe servir estímulo anímico para corregir el rumbo en el campeonato doméstico, en el que la tendencia es muy preocupante. En temporadas anteriores, las gestas coperas han servido de punto de inflexión para consolidar la reacción en la segunda vuelta de LaLiga.

Así sucedió, por ejemplo, en la temporada 2018-19, en la que el gran cambio futbolístico, anímico y mental llegó tras los cuartos de final de la Copa, que en esa edición se jugaba a doble partido. El rival era el Getafe, que en la ida en el Coliseum se impuso por un ajustado 1-0, en un partido tenso, como era norma habitual en los duelos entre Marcelino García Toral y José Bordalás. En la vuelta, el Valencia remontó en un final de locura el 0-1 adverso que campaba en el marcador desde el primer minuto de juego.

El eléctrico desenlace se celebró con euforia con la plantilla en el balcón de Tribuna, jaleados por cinco mil aficionados que ocupaban la Avenida de Suecia, como en los festejos de las noches europeas. La celebración fue criticada con ironía por entrenadores de otros clubes, por significar solo el pase a semifinales, pero sus protagonistas determinan que ese fue el momento clave que revertiría la temporada, culminada con una remontada para entrar en Liga de Campeones y conquistar la Copa en el Benito Villamarín.

La afición valencianista, apostada a los pies del balcón de Mestalla tras lograrse el pase a la final copera. JM Lopez

Las expectativas de este año son distintas, ya que entre medias se ha asistido al debilitamiento en los últimos tres cursos de un proyecto que necesita fichajes para recuperar el salto de calidad. Sin embargo, de los aficionados depende el aporte ambiental que ayude a un equipo hoy por hoy bloqueado a alzar el vuelo.

A pesar de la trayectoria errática del equipo de Gattuso, cuyas sensaciones y resultados han ido de más a menos, el compromiso de la masa social de momento no ha flaqueado. El presente curso está siendo uno de los más elevados en asistencia al casi centenario recinto, tras el punto y aparte que supuso el año 2019, en el que coinciden dos impactos negativos como la pandemia y, con el regreso del público, la crisis deportiva. Mestalla sabe la receta y mañana volverá a intentar el conjuro.