A lo largo de la longeva historia del Valencia CF y del CD Castellón numerosos futbolistas han vestido las dos camisetas. Pero ninguno con la representatividad y la solera con la que lo hizo Enrique Saura. Criado en la localidad de Onda, el talentoso y trabajador centrocampista representó como nadie los valores del futbolista de la casa: orgulloso de sus raíces, sensible con el sentir de la afición y entregado al escudo del pecho.

Ayer cumplió 68 años después de un intenso mes de homenaje en el pueblo que le vio crecer y que albergó una exposición de su carrera deportiva, cargada de éxitos y momentos icónicos. 

A pesar de empezar relativamente tarde a jugar al fútbol -15 años- en el CD Onda, su gran talento le abrió rápidamente las puertas del Castellón. Allí su crecimiento no hizo más que dispararse y después de rendir a un nivel muy elevado le llegó la oportunidad dedar el salto a Primera División y seguir honrando los colores blanco y negro, en este caso los del Valencia CF. 

A Mestalla llegó con 21 años en 1975 como un futbolista con mucho potencial y se marchó con 31 en 1985 siendo una leyenda absoluta de la entidad después de haber portado el brazalete de capitán y levantado tres títulos (Copa del Rey, Recopa de Europa y Supercopa de Europa) con la elástica valencianista.

Su excelente rendimiento como centrocampista de banda derecha, aunando una soberbia capacidad física y de trabajo con mucho talento para doblegar a sus rivales y llegar al área contraria también le abrió las puertas de Selección Española para la disputa del acontecimiento más importante del siglo pasado para el balompié nacional: el Mundial de 1982, en el que representando a la’terreta’ con La Roja marcando el gol de la victoria contra Yugoslavia precisamente en el estadio Luis Casanova. 

Cuando el Valencia no le renovó decidió regresar a Castalia, donde ya veterano regaló a los castellonenses un tramo final de carrera de mucho nivel.