A las 12.42, además de caer el sol a plomo sobre el Enrique López Cuenca de Nerja, un estadio sin sombras, Rafa Blanquer, una leyenda del atletismo de 77 años, temblaba como un niño sentado en la grada. Sus manos se aferraban a un cronómetro, un tic de los entrenadores, y movía como un pistón ese tobillo reactivo que le llevó a volar por encima de los ocho metros cuando ningún español lo había hecho. Y estaba así de excitado porque delante suyo estaba el foso sobre el que Evelyn Yankey, su último portento de la longitud, en realidad una niña de 18 años, estaba a punto de realizar su sexto y último intento en la lucha por las medallas. Y en el otro flanco de la pista, en la contrameta -las carreras de velocidad se han dispuesto así para tener el viento a favor-, su hija pequeña, Paula Blanquer, también de 18 años, se preparaba en los tacos para disputar su primera final absoluta de los 100 metros vallas.

Sonó el disparo y al instante el aviso de que se había producido una salida nula. Pasaba el tiempo y Blanquer, visiblemente emocionado, se lleva los dos puños al pecho como para contener los nervios. Iban saltando atletas y Yankey, que se formó en la escuela del Valencia CA con Niurka Montalvo -una entrenadora que este fin de semana ha visto como Luna Arnás, otra de sus creaciones, ha saltado 5,84 -séptima española sub16 de todos los tiempos- en Valencia-, empezaba a activarse. En la otra punta, las vallistas volvieron a colocarse y a las 12.47 salieron disparadas con un vendaval (+3.4) empujando a sus espaldas. La pequeña de los Blanquer, hija también de Begoña Iglesias, una antigua cuatrocentista, solo cedió ante Xenia Benach, que rompió el crono con 12.94 y Aitana Radsma, a quien no pudo coger pese a correr en 13.32, por debajo del récord de España sub20, pero invalidados para los rankings por el viento excesivo. Rafa, siempre tan contenido, se encorvaba para no exponer la emoción de ver al fin a su hija entre las grandes de las vallas altas y tres minutos después, ya a las 12.51, levantaba el puño para transmitirse fuerzas a Yankey, que hizo un buen salto de 6,22 que no mejoraba el anterior, el quinto, de 6,23 (+2.7), que se quedaba lejos de los 6,34 de la campeona, Irati Mitxelena.

Paula Blanquer venía de correr en 13.59 (segunda mejor española sub20 de todos los tiempos) una semana antes del Campeonato de España, una marca que cambió todas sus expectativas. “Es mi primer absoluto. En pista cubierta no quise ir porque me quería sentir fuerte y no ir por ir. Ahora estaba bastante nerviosa y los nervios me suelen jugar una mala pasada, pero poco a poco me he ido acostumbrando y en la final no tenía nada que perder y he ido a tope, muy bien”.

Rafa y Begoña apuntaron a su hija a la escuela con solo cinco años. Estaba condenada a vivir rodeada de atletismo. Igual no se lo tomó demasiado en serio hasta que esta temporada, de la mano de otro Rafa Blanquer, el hijo del mito, vio que empezaban a salir las marcas. “Entonces entendí que no podía dejar escapar esta oportunidad y me centré más en el atletismo”.

A Evelyn Yankey, que ya fue sexta en el absoluto el año pasado, también le pesaron los nervios. En un año ha pasado de ser una desconocida dentro del mejor concurso de siempre a ser una de las favoritas y la atleta que llegaba con mejor marca. “Tengo que controlar los nervios porque me juegan una mala pasada, pero estoy contento porque en el atletismo no hay nada escrito y tenía que ganarme la medalla. Acabar segunda es un gran puesto, aunque también es verdad que me hubiera gustado saltar más, aunque aún me queda mi campeonato de España (el sub20, en Torrent)”.

Recuperando sensaciones

Quique Llopis volvía a sentirse pletórico en una pista de atletismo después de varios meses “de muchas dudas” y de superar los obstáculos, más duros que las diez vallas, que le han llevado hasta la medalla de plata con una gran marca 13.34 en otra final ventosa (+2.2). Un premio mayor viendo cómo estaba hace solo un mes. “Tenía dudas y no sabía si dejar correr esta temporada, pero ahora me veo capaz de correr mucho más rápido que hoy porque de verdad que tengo muy buenas sensaciones”, explica el atleta del Gandia Alpesa al que le esperan los Juegos del Mediterráneo en Orán (Argelia).

El pupilo de Toni Puig derrotó a todos sus rivales menos a Asier Martínez, que voló hasta los 13.15. Durante seis vallas se sintió que podía tutearle. El navarro metió un cambio y el de Bellreguard, por el ansia de mantenerse a su lado, se ha tragado la valla y ha perdido sus opciones de luchar por el oro.

Las dificultades comenzaron la semana antes del Campeonato del Mundo, cuando se hizo un esguince que parecía no tener mayor importancia. Acudió a Belgrado infiltrado y no pudo tener un buen rendimiento. A la vuelta se hizo una resonancia y le salieron una fractura y tres edemas, necesitaba un tiempo de recuperación. Primero se sanó, luego corrió en una marca decente en Madrid y en Nerja volvió a ser el gran Quique Llopis.

Peor aún ha sido la historia de Alexis Sastre, que sonreía como subcampeón de España después de dos años prácticamente en blanco. “Ha sido duro y muy difícil. Llegué a pensar que n nunca volvería a saltar a este nivel. No he demostrado aún lo que soy capaz de saltar, pero no hay que olvidar lo que ha costado llegar hasta aquí”.

El castellonense se operó del pie hace año y medio, pero con el tiempo volvieron los dolores. Eso le generó mucha frustración y pensó en tirar la toalla. Con la ayuda de los fisioterapeutas recuperó el tono y ahora, pese a que se ve por encima de 2.20 -fue segundo con 2,15-, está contento por estar de vuelta. “El año que viene voy a por todas otra vez”, anuncia el discípulo de Claudio Veneziano.

La jornada de la mañana dejó también el undécimo puesto de Hodei Oyanguren en la final de jabalina (62,93), y la eliminación de Ramón Martínez (21.35) y Daniel Lusilla (21.63) en una semifinal de 200 metros con viento en contra (-0.5).

El atletismo valenciano, a falta de la jornada de la tarde, suma doce medallas: tres de oro, cuatro de plata y cinco de bronce.