El Utrillas nunca olvidará la visita del Valencia. César Tárrega tampoco. Este pequeño pueblo de la comarca minera de Teruel se ha ganado un rinconcito para siempre en su corazón. No es para menos. Allí cumplió un sueño de todo niño valencianista. Debutar con el primer equipo. Su cara al final del partido lo decía todo. SUPER fue testigo de la imagen de la noche. La familia de César se fundió en un abrazo con él a la finalización del partido. Tampoco faltaron los besos. Su madre Esther, su padre Manolo y su hermano Rober vibraron en las gradas y se emocionaron al final del partido en el reencuentro con su hijo a pies del autobús. SUPER fue testigo del emocionante momento. Fue el sueño hecho realidad de una familia valenciana y valencianianista.

A su padre Manolo no le gusta ser el foco de atención, pero no hay nadie más orgulloso de su hijo en el mundo. Por eso atiende a SUPER en un día tan especial. «Esto igual no se repite. Hay que disfrutar del segundo y del minuto, nos están pasando cosas muy bonitas y para nosotros que somos valencianistas es un sueño hecho realidad», asegura.

«Cesár llegó a las 00:30 de la madrugada a casa, casi como nosotros que fuimos en coche, estaba tranquilo. Jaume le dio mucha ánimo y confianza, le dio un abrazo que le ayudó mucho». Para César fue un día más aunque la procesión iba por dentro. «César es muy casero. Tiene su rutina y de ahí no sale. Entrena, recoge la comida del club y se va directo a la facultad. Para él los estudios son muy importantes. Lo tiene claro. Son muchos años de sacrificio y esfuerzo y para un valenciano y un valencianista y debutar en el primer equipo supone mucho para el».

César Tárrega disputa un balón con el delantero del CD Utrillas Francisco Calabuig

César sabía desde principio de semana que tenía posibilidades de debutar, aunque los nervios no se apoderaron de él. Su padre lo explica. «No le queríamos dar la importancia que tenía durante la semana para que César siguiera su día a día. Él es muy constante y los estudios son muy importantes para él». Estudió en el British y ahora cursa Educación Física en la Universidad Católica en Torrent». Allí va todas las tardes. También ayer después de su debut. «César es una persona muy reservada y tímida, calcula las cosas y no le gusta el protagonismo, ni figurar, ni cosas de estas». El jueves después del debut llegó a casa de sus padres (donde todavía vive) más que emocionado. Se soltó. La ocasión lo merecía. 

El canterano cumplió con nota en su debut e hizo feliz a mucha gente como al iaio Manolo y al iaio Miquel que en paz descanse. «Somos una familia muy valencianista, su abuelo Miquel no cenaba cuando perdía el Valencia y tenía una vela del Valencia en el chalet. El iaio Manolo no paró de llorar durante todo el partido, lo vio por la televisión y no podía ni hablar», detalla emocionado su padre.

César está viviendo un sueño. Su gente también. Se lo merecen. «César ha recibido muchos mensajes de jugadores del Mestalla y amigos felicitándole, esto es un pasada para él, pero él no olvida que su equipo es el Mestalla, es lo bueno que tiene», cuenta el padre. Un pensamiento que dice mucho de César. «Fue un día muy importante para él, tenía a su lado a sus ídolos, a los que había visto por televisión, pero es una persona que sabe gestionar las emociones y en todo momento transmitió tranquilidad». Se notó en el césped.

César está muy agradecido a los compañeros que le ayudaron, pero también a José Bordalás. «A nosotros nos ha demostrado que es un entrenador que te llega, que te habla, que te da consejos, a César le dijo que para ser central Valencia hay que estar fuerte y que había que coger físico, le dieron un plan específico y él ha notado desde el primer día que estaban pendiente de él. Está aprendiendo mucho con Bordalás», asegura su padre.

Su familia celebra su debut y su crecimiento. Va en los genes. Su tío, de hecho, llegó a jugar hasta juveniles del Valencia. Llevan el valencianismo en la sangre.

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La familia Tárrega, unida antes del partido en Copa SD

El joven central del Valencia de 19 años se guardó la camiseta de su debut con el dorsal 38 y quiere colgarla en su habitación. También guarda las de las convocatorias contra el Atlético de Madrid y la Real Sociedad. Se le acumulan. No importa. Al revés. Es el premio a muchos años de trabajo. «César comenzó en prebenjamín en el Don Bosco al lado del cole, hasta infantil de segundo año, llegó a jugar de mediocentro defensivo, pero él era central.

Luego lo fichó el Levante para el cadete tres años (estuvo cedido en el Patacona), pero le llegó la llamada del Valencia y no tuvo ninguna duda», recuerda su padre. César rechazó ofertas del Villareal e Inter de Milán entre otros. Su sitio estaba en el Valencia. Su esfuerzo ha tenido recompensa. César supo por primera vez que iba a ser titular en el Parador de Teruel pocas horas antes del partido en Utrillas, pero no le pudo la presión.

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Salió en el once titular, cumplió en defensa y hasta pudo marcar un gol a balón parado, aunque su gran triunfo y el de su familia fue animar a los padres de Rubén Iranzo después del partido. Rubo no tuvo la suerte de debutar, pero César fue el primero que le dio ánimos. Un gesto que habla por sí solo de la calidad humana de César y de su entorno. El Valencia tiene que cuidar a César y a los centrales que vienen por detrás. El primer equipo los necesita como en su día Ricardo Arias, Voro González, Miguel Tendillo o Fernando Giner. Ellos son el futuro.