08 de abril de 2020
08.04.2020
Superdeporte

El día que David Villa retrató a Dorlan Pabón

SUPER viajó a Madrid en 2013 para dar la bienvenida al colombiano y apareció el Guaje. Nunca contamos lo que pasó en Atocha.

08.04.2020 | 20:01
Dorlan Pabón a su llegada a València el verano de 2013.

27 de agosto de 2013. Estación de Atocha. Madrid. El Valencia ha fichado a Dorlan Pabón y Superdeporte viaja a la capital para darle la bienvenida al delantero colombiano y acompañarle en el último trayecto de AVE hasta València. Queremos ser los primeros en colgarle la bufanda y adelantarle a nuestros lectores sus primeras sensaciones como valencianista. El fichaje estrella del verano genera ilusión. Han pasado tres años desde que el club vendió a David Villa al Barcelona y ningún delantero ha podido ocupar su trono. ¿Y si estamos ante el nuevo Guaje?

De momento, Pabón no llega. Quien aparece en medio de la espera es David. Sí, Villa. El mismo. Caprichos del destino. El asturiano, entonces en las filas del Atlético de Madrid, está a punto de coger el tren que le conducirá a la estación de Sants para jugar contra el Barça la vuelta de la final de la Supercopa de España en el Camp Nou. Eran otros tiempos. Rubiales aún estaba en la AFE. El Guaje nos reconoce desde lejos. Le cambia la cara. Se le ilumina. Como si hubiera visto a algún familiar cercano. Sonríe. Se acerca. Nos pregunta qué hacemos en Madrid y recuerda todos aquellos días que SUPER le seguía allá donde fuera. Éramos su sombra en el Valencia y en la selección española. Le explicamos el motivo de nuestro viaje. "¡Es que no cambiáis!", exclama entre risas.

Pasa Simeone, pasa Diego Costa, pasa Godín, pasan todos, pero Guaje no se mueve. Allí continúa con nosotros. "¿Cómo va todo por el periódico?", se interesa. Se nota su cariño. Nos tiene aprecio. Acaba de proclamarse campeón de un Mundial y dos Eurocopas, ha conquistado la Champions y muchos ya lo consideran el mejor delantero de la historia del fútbol español, pero por encima de todo nos respeta y nos siente como suyos. Le deseamos suerte. Lo mismo hace con nosotros. "¡Que os vaya bien a vosotros con Pabón!". Se despide con la alegría de habernos visto de forma inesperada. En el fondo lo echa de menos. En València fue muy feliz. SUPER dejó huella en la vida de David y al revés. Hubo flechazo. Hay 'feeling'. Siempre lo habrá.

La espera a Pabón en Atocha se lleva mejor con el buen sabor de boca que nos deja la cercanía del Guaje. En medio de esa nube de ilusión llega Pabón. Al colombiano también le cambia la cara. Para mal. No le hace nada de gracia vernos. Se pone la gafas de sol y se esconde de nosotros bajo la visera de su gorra newyorquina. Agrio se queda corto. No cruza ni una palabra. Ni nos mira. Nos desprecia. Hasta se vuelve irrespetuoso cuando intentamos explicarle el motivo de nuestro viaje a Madrid y el esfuerzo económico que ha hecho la empresa por él. "A mí no me importa", nos contesta.

Veinte minutos después, ya subidos al vagón del tren, Pabón nos atiende obligado por su agente. El cuerpo nos pide no escribir ni una línea del colombiano, pero tenemos una obligación con nuestros lectores. Hay que ser más profesionales que nunca. Aquella escapada a Madrid nos enseñó algo. La humildad y la amabilidad está por encima de la fama y los éxitos en la vida. El campeón de todo nos tendió la mano. El aspirante a nada nos la rechazó sin más. Pabón ni siquiera había pisado València y el Guaje ya lo había retratado.

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