Joan Laporta ratificó a Ronald Koeman el sábado en una decisión que suena a la antesala de su destitución como entrenador del Barcelona. No sorprendería a nadie porque la historia del fútbol está llena de casos similares. Muy pocos se creen en Barcelona el apoyo público (y privado) del presidente al holandés. Parece una estrategia a la desesperada para recuperar algo de estabilidad o simplemente una forma de ganar tiempo y buscar fórmulas para fichar al nuevo entrenador.

Koeman resistió a la derrota (2-0) contra el Atlético de Madrid en el Wanda Metropolitano, pero será difícil, por no decir imposible, que resista a otro batacazo en el Camp Nou a la vuelta del parón. El siempre caprichoso destino ha querido que el siguiente rival de Koeman sea el Valencia. Trece años después de su fatídico paso por el banquillo de Mestalla (2008) con el equipo al borde del descenso a segunda división, el Valencia puede darle al holandés la estocada que le falta para dejar de ser entrenador del Barcelona. Justicia divina. 

Koeman se sentará en el banquillo contra el Valencia. De milagro porque el jueves por la noche Laporta había decidido echarle. «Esto ya es irreconducible», dijo a su junta según desvelaba ‘Sport’. Sin embargo, el viernes por la noche ratificó a Koeman y llamó a sus directivos para informarlos y así evitar que se enteraran por la prensa.

El presidente cerró la puerta a una destitución y aseguró que, pasara lo que pasara en el Wanda, el neerlandés «seguirá siendo el entrenador». Y así fue. «Tiene contrato en vigor y esperemos que nos reencontremos con las victorias y el buen juego. Seguro que él hará todo lo posible. Me ha mostrado la confianza que quiero en un equipo.

Está convencido de que revertiremos esta situación. Pido a la afición que le dé el margen de confianza que merece. Koeman quiere al Barça y es una figura clave en el barcelonismo», insistió también a sus consejeros. El holandés sigue, es una realidad, pero igual de cierto es que nadie en Barcelona garantiza su continuidad si pierde el próximo 17 de octubre en el Camp Nou. El Valencia puede ser su verdugo.