Hoy se cumplen ocho años desde que Peter Lim puso su primera piedra en el Valencia CF: Nuno Espírito Santo. Después de que en el mes de mayo de 2014 se aprobase la venta de la mayoría del paquete accionarial, la influencia del magnate singapurense se empezó a sentir con más intensidad y su primera gran decisión fue la del banquillo antes incluso de llegar a un acuerdo con Bankia y materializar completamente la transacción.

El 4 de julio fue presentado de manera oficial el luso, que posó con Amadeo Salvo y Rufete y reconoció abiertamente ser el entrenador del dueño, además de deshacerse en elogios hacia Jorge Mendes. Los propios responsables deportivos del club confesaron aquel día que su entrenador era Juan Antonio Pizzi, que venía de rozar la clasificación para la final de la Europa League, pero que la mano de Lim cambió los planes.

Aquella decisión fue toda una declaración de intenciones por parte de Lim y que ha cobrado valor con el tiempo. El singapurense aterrizó en Valencia saltándose a los profesionales que había trabajando en la dirección deportiva y seleccionó a un entrenador representado por Mendes. Una manera de proceder que se aceptó por representar el inicio de algo nuevo, pero que se ha mantenido en el tiempo con consecuencias dramáticas.

El periplo de Nuno en el Valencia tuvo dos etapas muy marcadas y diferentes. En la primera hizo jugar al equipo un fútbol dinámico, físico, valiente y muy ambicioso que sorprendió a propios y extraños, con una especial capacidad para arrollar a los rivales jugando en Mestalla. Con ello, logró clasificar al equipo para Champions y hacer el récord histórico de puntos en Liga de la entidad.

La segunda parte, ya sin Nico Otamendi en el equipo y en medio de toda la polémica por su relación con Salvo, Ayala y Rufete, el entrenador luso no logró hacer que el equipo compitiese en Champions ni por meterse en Europa. Salió por la puerta de atrás y cerró su estadía en Valencia con un balance de 40 victorias, 20 empates y 20 derrotas en 80 partidos.