Al carisma de Gennaro Gattuso se aferra esta temporada un Valencia que abre esta tarde el curso en Mestalla contra el recién ascendido Girona. En un club que arrastra los mismos problemas estructurales de los últimos años, con perspectivas societarias sombrías y con la imagen del máximo accionista Peter Lim en mínimos históricos, el magnetismo del entrenador calabrés ha despertado incipientes expectativas, ha servido para poco a poco volver a hablar de fútbol.

El liderazgo de Gattuso ha llegado de forma instantánea en una entidad que todavía adolece de contrapesos fuertes. Sin director deportivo, con un director general y un presidente con la etiqueta de interinos, y sin fuelle financiero para acudir al mercado con protagonismo, Gattuso poco a poco ha ido llenando la representatividad. De momento es el portavoz más influyente del club de cara al exterior, con su estilo siempre directo, y también se ha improvisado como un director general en la sombra al tratar de convencer a jugadores para unirse a su aventura (Matteo Politano, Arthur Melo, Dries Mertens, Torreira...). Una seducción a medias, al no poder rematar el club ese trabajo por su realidad financiera.

En esa reconstrucción, Gattuso quiere inculcar una identidad futbolística en la que el Valencia proponga juego y mande sobre el rival, y que se despliegue como un grande. Una idea arriesgada, más cercana a Guus Hiddink que a la de técnicos que triunfaron un Mestalla con un fútbol reactivo, de raíz defensivista, como Claudio Ranieri, Héctor Cúper y Rafa Benítez. Pero esa convicción ha calado en una plantilla liberada mentalmente, que se atreve a jugarla, que se cree a su entrenador. Un equipo imaginativo a pesar de estar casi tan descompensado como en las tres irrelevantes temporadas precedentes.

Todas esas excelentes intenciones van a necesitar, evidentemente, de estímulos en forma de resultados, y que estos vengan en el corto plazo (por grandeza histórica y por la urgencia de recuperar el terreno perdido). La primera prueba es contra un Girona que, a la peligrosidad de todo recién ascendido en las primeras jornadas, en las que conserva la inercia vencedora del año anterior, suma partidos reñidos en los precedentes en Mestalla. El encuentro tiene el gran condicionante de la ausencia de José Luis Gayà, machacado con 4 partidos de sanción. Un mazazo para el equipo y para el capitán, por los precedentes de amnistía y por las posibles consecuencias en LaLiga y para la convocatoria del Mundial. La desproporción del castigo por críticas al árbitro del Valencia-Osasuna del año pasado, no obstante, ha originado una reacción unánime en el valencianismo que debe ejercer un efecto cohesionador y motivacional sobre el terreno de juego.

Línea defensiva

Jesús Vázquez, que tiene asombrado a Gattuso por sus condiciones, ocupará el lugar del lateral de Pedreguer. El resto del once dependerá de la inclusión de Nico González, el último refuerzo, en una medular en la que Guillamón, Carlos Soler y Yunus Musah se estaban haciendo fuertes en el 4-3-3 del entrenador italiano. La línea de centrales, con Paulista tocado, será formada por Cömert y Diakhaby, si Guillamón no retrasa su posición para favorecer la salida de balón, que Gattuso pretende siempre que sea limpia y elaborada. En ataque, Samuel Lino y Samu Castillejo deben mitigar la dependencia estadística que descansaba sobre Gonçalo Guedes, que ayer debutó con el Wolverhampton. En el Girona, el técnico Míchel no contará con los centrocampistas Iván Martín, Ibrahima Kebé y Borja García. Seguramente también será baja el central Bernardo Espinosa, que no pudo debutar en la pretemporada a causa de sus molestias en una rodilla.