10 de julio de 2019
10.07.2019
MERCADO DE FICHAJES

Maxi Gómez: La crónica de un fichaje al límite

Hubo momentos en que el Valencia CF pensaba que perdía al futbolista al 99%... es la historia de una operación difícil y peculiar

10.07.2019 | 12:28
Maxi Gómez: La crónica de un fichaje al límite
Maxi Gómez: La crónica de un fichaje al límite

El fichaje de Maxi Gómez por el Valencia CF mantiene en vilo a los aficionados valencianistas en los últimos días. La operación pasó de estar apalabrada entre el club de Mestalla y el Celta de Vigo un jueves cuatro de julio, a que el viernes siguiente por la mañana los dirigentes valencianistas la dieran por perdida al «99%». Literal. ¿Qué ha pasado para que en unos días todo cambie de nuevo y el delantero uruguayo esté a punto de ser nuevo jugador del Valencia CF? Pues una dura negociación que deja a Mateu Alemany como gran protagonista de una partida de póquer en la que obligó a su rival a tener la mejor mano para poder ganarle. Y resultó que el West Ham no tenía escalera de color...

Fue en el mes de abril cuando el comentarista de Tiempo de Juego de la Cadena Cope, Marcos López, desvelaba el interés del Valencia CF en fichar a Maxi Gómez. Ya a esas alturas era más que evidente que el equipo de Marcelino necesitaba remodelar la delantera después del fiasco que supuso el fichaje de Batshuayi y que el recambio en el mercado invernal, Rubén Sobrino, tampoco resultara. Terminó la temporada de la manera más exitosa que ningún valencianista habría podido imaginar solo unos meses antes, con el equipo cuarto y clasificado para la Liga de Campeones y lo que es mejor, campeón de Copa del Rey tras ganar al FC Barcelona en el Benito Villamarín de Sevilla. Se acabó el fútbol y llegó el mercado de fichajes y Maxi Gómez fue la primera operación que acometió el Valencia CF, quedaba claro que era prioritario reforzar la delantera. El club de Mestalla se fue a hablar con el Celta para decirle que quería al uruguayo y la sorpresa fue que el equipo gallego respondió que quería a Santi Mina. Ambos se dieron permiso para negociar con los futbolistas y ambos llegaron a acuerdos. SUPER publicaba el 17 de junio que Maxi le había dado el OK al Valencia CF. Antes, el 4 de junio, se hacía eco de la voluntad de Mina de regresar a Balaídos.

Negocian los clubes

Y empezó la negociación pero con pocos avances. Por ello el presidente del club gallego, Carlos Mouriño, le tiró una andanada un lunes 17 de junio a Mateu Alemany: «El Valencia CF tiene que acercarse mucho más a la cláusula de rescisión de Maxi para poder llevárselo. Si se tiene que quedar, no hay ningún problema». Días después, esa misma semana, Mateu Alemany hablaba con el Espanyol de Barcelona para preguntar las condiciones del delantero Borja Iglesias. También con sus representantes, la empresa Toldrá Consulting, aprovechando una reunión por el futuro de Lato, que terminó cedido en el PSV Eindhoven. Por si las moscas, trabajaba en una alternativa al uruguayo.
Y llegó la semana de autos. La pasada. El jueves día cuatro de julio Celta y Valencia CF se citaron para negociar con la intención de rematar el acuerdo. Santi Mina entraba seguro en la operación y había que definir cuánto pagaba el club de Mestalla en fijo y cuánto en variables, y qué futbolista se marchaba también hacia Vigo en calidad de cedido. Después de que sonaran diferentes nombres, el elegido fue Jorge Sáenz. Este fue el acuerdo: a cambio de Maxi Gómez el Valencia pagaba 14,5 millones de euros fijos más 1,5 en variables, Santi Mina traspasado y Jorge Sáenz cedido por dos temporadas. Pero con todo acordado, a última hora de ese jueves el West Ham, que acababa de vender al delantero Arnautovic a la liga china, llamó al Celta para decirle que al día siguiente, viernes, se plantaba en Galicia para hacerle una oferta que no podrían rechazar, ni el conjunto vigués ni el propio Maxi.

Cinco millones de comisión

Y así fue, el viernes por la mañana emisarios del conjunto londinense tiran de billetera para intentar anular el acuerdo entre el Valencia CF y el Celta. Pero además de mucho dinero, contaban con la complicidad de los representantes del futbolista, la empresa Stellar Group que dirige Jonathan Barnett. Pues bien, con todo acordado ya entre Celta y Valencia, y sabedores de que si Maxi fichaba por el West Ham les iba a reportar más beneficios, se descuelgan pidiéndole a Mateu Alemany una comisión de cinco millones de euros. Cunde el desánimo entre los dirigentes valencianistas porque son perfectamente conocedores de que el West Ham va en serio hasta el punto que había previsto que solo en unos días, Maxi pasara la revisión médica. Ese viernes seis de julio, durante la mañana en el Valencia CF se daba por perdido a Maxi, «la operación se ha caído». La oferta era tan suculenta, que hizo dudar al jugador. El Valencia CF tenía dos problemas serios, uno el dinero del West Ham y otro la agencia Stellar Group que había bloqueado la situación.

El problema no estaba ni con el Celta de Vigo ni con Maxi Gómez. Y lo que por la mañana y a principio de la tarde era todo negro, comenzó a cambiar conforme avanzaba la tarde. Mateu Alemany, Anil Murthy y Pablo Longoria trazaron una estrategia de desgaste encaminada a hacer valer el acuerdo que tenían –»no nos vamos a mover»- y basada en dos puntos fuertes que vienen a ser uno. El primero, que para el Celta el fichaje de Santi Mina se había convertido en una de las piedras clave del proyecto y el segundo que por esa circunstancia había que presionar al Celta para que no negociara con el West Ham, si lo hacía, el Valencia CF le pediría después el pago de la cláusula de Santi Mina. El gallego es un fichaje diferencial para el Celta porque después de unos años con fichajes que se pueden calificar de exóticos y salvar la categoría de manera agónica en la última jornada, el presidente Carlos Mouriño quiere devolverle al proyecto las raíces celtiñas y para ello Santi y Denis Suárez son la gran metáfora. Y a ese valor sentimental se ha aferrado el Valencia CF.

50 millones en la mesa

Cuando pasó el viernes, el Celta resistió la primera embestida inglesa y el West Ham volvió a Londres sin acuerdo porque los gallegos no aceptaron la oferta, Mateu Alemany pasó a la acción; había detectado el punto débil del West Ham: tal vez no tenga tanto dinero como parece. El fin de semana se presentaba duro pero la estrategia era clara. El sábado apuntaló el plan con el Celta. Si quería a Santi Mina, no debía negociar, y negociar no solo es pedir los 50 millones de euros de la cláusula, negarse a negociar es pedir los 50 millones de euros de la cláusula de golpe, es decir, depositados en la sede de la Liga de Fútbol Profesional y no a plazos.

Este aspecto es vital, porque dependiendo de la respuesta del West Ham a esta petición, Mateu contraatacaría de una manera o de otra. Previamente, conviene resaltar una cosa. Más allá de lo que suceda con el pago de la cláusula de Griezmann por parte del FC Barcelona, lo cierto es que en el futbol español hay un pacto tácito entre clubes según el cual las cláusulas no se ejecutan, es decir, si un jugador tiene una cláusula de diez millones, se hace como un fichaje por diez millones, y se aplazan los pagos. No se ejecuta el pago de la cláusula en la LFP. Sin ir más lejos, cuando el Valencia CF le pidió los 20 millones de la cláusula de Mathieu al Barça, el club catalán pagó 20 millones pero en forma de traspaso. Se aplazaron los pagos.

El West Ham flojea

Y llegó el domingo y el West Ham seguía sin poner los 50 millones uno encima del otro. En ese momento, Mateu comenzó a ver claramente las cartas del equipo inglés; no tiene liquidez para afrontar un pago de ese calibre en estos momentos. Y llamó a los agentes y al Celta de Vigo y les dio un ultimátum que terminaba el lunes día 8. Si no obtenía respuesta, él se quedaba sin Maxi y activaba el plan B, pero el Celta se quedaba sin Santi Mina. ¡Pánico en Vigo! Cuando supo que ni por esas el West Ham pagaba los 50 millones de golpe, Alemany lo vio claro, pasó a la acción y decidió provocar la solución. Pactó la reunión en València con los agentes de los futbolistas. Posiblemente en ese momento ya se sabía ganador porque había comprobado que el Celta resistía y se negaba a negociar: lo que el viernes era negro, el martes se volvió blanco. Mientras Longoria y Mateu estaban con los agentes en las oficinas, el presidente Anil Murthy deslizaba ante los periodistas después de la presentación de Cillessen como nuevo jugador del Valencia CF, que el mundo no se termina en Maxi y que estaban dispuestos a abrir otras alternativas. Ya sabía que los agentes estaban contra las cuerdas. La coordinación es tan perfecta que hasta parece complicado que esté todo tan planificado.

Terminó la reunión, «hemos acercado posturas» dijo el club. Y eso, teniendo en cuenta cómo había ido la operación, era la antesala del acuerdo. Solo faltaba que Maxi, desde las montañas de Uruguay, firmase definitivamente su nuevo contrato con el Valencia CF por cuatro temporadas. Mateu obligó a West Ham a enseñar sus mejores cartas, pero resultó que no eran mejores que las suyas... Para redondear una operación difícil y peculiar, cuando todo había vuelto al inicio, al acuerdo del jueves cuatro de julio, llegó el momento de localizar a Maxi Gómez para que firmara el contrato antes de comunicarlo oficialmente, y él se encontraba en las montañas de Uruguay, disfrutando de unos días de descanso con su gente.

Esto dio un nuevo giro a la rocambolesca historia, porque el futbolista se metió en el avión con destino a España este miércoles sin haber firmado el contrato, como así hubiera querido Mateu Alemany. El Valencia CF se mantiene en vilo hasta el final a pesar del acuerdo alzancado, no lo darán por hecho hasta que el futbolista llegue y estampe su firma.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook