Ningún Valencia ha jugado tan bonito y con tanto sello como el de Hiddink, que ayer se mojó por un estilo en las antípodas del suyo y hasta vaticinó opciones de pelear el título. El holandés, responsable de aquel inolvidable estilo que Robinson bautizó como ‘made in Valencia’, estuvo a años luz en cuanto a resultados de la época de Ranieri, Cúper y Benítez, entrenadores que se le parecen lo que un huevo a una castaña pero con una esencia común que fue la que recuperó primero Marcelino y a la que ha vuelto a apelar Bordalás. Es, tres décadas después, el lema del ‘ADN Valencia’. Una receta de efecto inmediato si todas las piezas encajan. Tan rápida que en cuatro jornadas incluso se ha quedado corta hasta la Champions. Los pies en el suelo, eso ya se sabe, aunque todo el derecho a ilusionarse. 

Ratificado

Habló Quico y lo más sustancial de su autocrítica fue el alegato que hizo por Paco López, un gesto de manual para las crisis que aun así no evita que el entrenador siga estando debilitado. Es un secreto a voces desde finales de la pasada temporada que el desgaste ha pasado factura. Mucha. Y salta también a la vista que, al mismo tiempo que las partes cerraban los ojos y tiraban para adelante, hay palabras que no casan con los hechos. Un contexto en el que ayer se desveló que el míster ha cambiado de agente, nada que ver con cualquier malinterpretación interesada sobre su futuro sino simplemente otra consecuencia de la erosión. Calma tensa. A menos de un año del final de su contrato, este sería el momento de hablar de renovación, pero la realidad es que el tema es el próximo partido. El mejor entrenador de la historia se ha levantado hasta ahora de todos los golpes y va a seguir en la pelea, pero se aventuran asaltos muy complicados, el más inmediato ante el Elche.