El pasado fin de semana parte del Ciutat emitió su veredicto después del agrio empate contra el Rayo. Con un caldo de cultivo enrarecido desde hace tiempo, la afición granota demostró su rabia por ver a un equipo que no termina de arrancar y que llega a desesperar. El Levante fue inferior ante un recién ascendido y confirmó una vez más la imposibilidad de poder cerrar un partido, que sin merecerlo, tenía en ventaja, y que concluyó con un punto en el casillero como mal menor aunque dejando en el limbo dos nuevos puntos en otro alargue fatídico.

Lo preocupante es que ahora mismo el equipo ha perdido su identidad ofensiva. Si ante el Real Madrid ese espíritu parecía perpetuado, ante el Rayo quedó en evidencia. Se vio un bloque desorientado en el campo, racionándose con el ímpetu de jugadores como Melero o Roger y poco más. Desde el banquillo nada se cambió y lo preocupante es que las explicaciones quedaron huecas.

Es innegable que la figura de Paco López va perdiendo poco a poco la rocosidad con la que aterrizó en Orriols para salvar una temporada que iba abocada al abismo. El último partido liguero de la pasada temporada contra el Cádiz evidenció que un núcleo de aficionados ha perdido su apego por el que ha sido, y es, el mejor entrenador en la historia del club. Su erosión pese a todo es evidente y falta por ver si este curso, con un asterisco en rojo al ser el último de su contrato, logra aguantar como merece la figura de un técnico que en los momentos en los que se ha rozado tierra, ha conseguido remontar el vuelo.

La comparecencia de Quico Catalán de esta semana confirmó que no hay fisuras ni dudas en el Consejo de Administración respecto a Paco López, al menos de puertas para afuera

Paco López merece un respeto porque se lo ha ganado. Es una persona de club, un profesional que ha implantado su filosofía de juego en el equipo. Para unos, valiente, para otros, desesperante, pero en definitiva una seña que ha dado muchas más alegrías que decepciones. Espero que no se dé el caso, pero si llegara el momento, estoy convencido de que si no se viera con energía se echaría a un lado. Son cuatro jornadas y el partido de este sábado ante el Elche es capital para reencontrarse. Demasiado pronto para notar falta de oxígeno, tarde si no se sabe la solución de lo que ha pasado hasta ahora. 

Es imprescindible de nuevo una unión para repartir responsabilidades, o culpas. Los jugadores también deben cumplir parte del trato, así como el propio Quico Catalán, que hizo autocrítica en un mercado de verano muy mejorable y que ha dejado un plantel difícil de gestionar.

Ese exceso ha llevado a tener en la plantilla a una generación ‘millenial’. Ante el Rayo fue importante ver como titular a Pablo Martínez. Su cesión le ha hecho crecer y ser ahora mismo un activo más del primer equipo. Una de las pocas ovaciones de la tarde se la llevó Pepelu. En una gestión cuestionable en cuanto a su situación, el canterano disputó el tramo final del choque. Estas decisiones remarcan que toca pensar en el futuro con convencimiento y hechos. El foco vuelve a apuntar entre otros a Vukcevic, para el que el tiempo se ha acabado. El adelantamiento ha sido evidente y merecido. Con un valor de mercado nulo, el montenegrino por sus gestos, viajes con la selección y rendimiento, no debería volver a ponerse nunca más la camiseta del Levante en un partido. La inversión deportiva debe seguir otros caminos y no desgastarse en un caso perdido.