Cuántos años cubriendo partidos del Valencia CF y qué pocas veces se equivoca Mestalla. Echando la vista atrás diría que cero. ¡Ninguna! El viejo coliseo es una fuente de sabiduría. La grada siempre sabe qué hacer. Maneja el entorno como nadie. Siempre da con el clavo. Siempre acierta. Es una lección detrás de otra. Como este sábado. Mestalla se rindió a Marcelino. Por si alguien tenía alguna duda. La afición se puso en pie, aplaudió a rabiar y se fundió en un abrazo con el asturiano tan emocionante como sentido. No había forma más bonita de darle las gracias dos años después. Se lo merecía Mestalla y se lo merecía Marcelino.

A pesar de las emociones a flor de piel, la grada empezó a ver a Marcelino como el entrenador rival en el mismo momento que arrancó el partido. Con el balón en juego se produjo un amago de corear su nombre que no acompañó el estadio y que se frenó con silbidos. Solo con el pitido final volvió a adorarlo. Lección. Por cierto, Mestalla subió el volumen de los cánticos contra la propiedad en medio de la tormenta de lluvia y protestas. La presencia de Marcelino invitaba a ello. Mestalla cantó contra Lim y Anil con el resultado en contra, pero también lo ha hecho en la victoria y da la impresión que lo seguirá haciendo gane, empate o pierda. Mestalla sabe lo que se dice. Y sabe de qué lado está. Bordalás es su hombre. Ayer le aplaudió inmediatamente después de la ovación a Marcelino. Llámenlo sabiduría o inteligencia emocional. Mestalla sabe que Bordalás es el camino. El equipo ha acusado las bajas y la fatiga física, pero como Mestalla, también sabe lo que se hace. Lo de Sevilla fue un accidente. Los rivales van a tener que sudar sangre. Este equipo no se rinde. Ni con diez.