Hacía tiempo, más del recomendable, que el ciclo de Paco López en el banquillo del Levante estaba agotado. Fue esta pasada medianoche, sin embargo, cuando se le puso punto y final. No por llevar ocho ni 16 jornadas sin ganar, la peor racha del club. Ha sido el agotamiento, cada vez más flagrante, lo que ha precipitado el desenlace.

No había otra salida. Se va el entrenador, responsable pero no único culpable. Y se quedan los futbolistas, a los que hay que exigir más. El primero a Campaña, el mejor pagado y auto-borrado del mapa para Palma. Continúa también el Consejo, con Quico Catalán al frente, lo mismo que el área deportiva, dos partes fundamentales que es cierto que se han visto maniatadas por el límite salarial y a las que también les han faltado los reflejos que sí han tenido en estas últimas horas. Era difícil y se ha aguantado el tirón por encima de roces y tensiones. Paco estaba desangrándose y la decisión, con profesionalidad, llega y lo hace a tiempo.

La inacción ya no era una alternativa. Había que decidir para bien o para mal. Fue para la segundo, aunque con la esperanza de que con el nuevo técnico se enderece el rumbo. Se acaba una era maravillosa por culpa del desgaste y la imposibilidad de reciclar la plantilla. Y empieza otra en la que se impondrá otro estilo y un nuevo manual. Gloria a SuperLópez por los partidos que siempre mantendremos en la retina. ¡Gracias por todo, míster!