Ningún levantinista, ni siquiera los más pesimistas, predijo una decimoquinta jornada de LaLiga con el Levante no solamente en la última posición de la clasificación, sino sumergido también en una crisis profunda de resultados donde la ausencia de victorias resalta por su gravedad. Nunca una reacción llegó a ser tan necesaria más allá del adversario. Lo fue cuando se tomó la decisión de cambiar de entrenador, pero, mes y medio después, la situación es más urgente si cabe. Sin ser una novedad, el cuadro azulgrana tiene la obligación de sumar tres puntos de una vez por todas para que su discurso de mejoría, esfuerzo y fe en que su trabajo corresponderá con una salvación tenga validez. De hecho, ni el propio Javi Pereira concibe un resultado que no sea una victoria. «No firmo un empate contra el Betis», dijo sin tapujos el entrenador granota en la rueda de prensa previa al choque. Un mensaje cargado de firmeza y de responsabilidad.

Sin embargo, el técnico nacido en Badajoz es consciente de que su equipo va por el camino correcto y que se acerca al punto óptimo por el que lleva suspirando desde que se hizo cargo del banquillo de Orriols. Pese a que el empate contra el Athletic Club de Bilbao, insuficiente en cuanto a cantidad numérica, dejó brotes verdes sobre los que respaldar a un vestuario que se niega a tirar la toalla. Que pese a la tensa situación en la que está sumergido, todavía no ha dicho la última palabra. Así lo demostró frente a los vascos, aunque volvió a plasmar una falta de productividad que se traduce en dificultades a la hora de materializar ocasiones, pero mostrando una versión defensiva, sobre todo en la parte, que, de tener continuidad, da esperanzas a olvidarse de los sudores fríos que han producido errores atrás desde que dio comienzo la actual campaña. No en vano, un nuevo tropiezo dejaría en reserva un crédito que, debido a la ausencia de marcadores favorables, es mínimo, al igual que una esperanza permanecer en la élite del fútbol español que se tambalearía. 

Nueve días después de empatar a nada contra el Athletic, el Levante visitará el Benito Villamarín para medirse a un Betis que, pese a aterrizar a la cita tras vivir una semana fantástica (victoria ante el Elche y pase certificado para los dieciseisavos de la Europa League), arrastra bajas comprometidas. Pese a que se vio aliviado por poder contar con un William Carvalho que fue duda durante la semana, Pellegrini tendrá un problema en el carril diestro. Sin Pezzella, Héctor Bellerín (sanción) y Martín Montoya (lesión) no podrán vestirse de corto. Una circunstancia de la que se querrá aprovechar un Levante que, pese a la dificultad del rival y del escenario, no renunciará, mediante un once continuista, a su mentalidad vertical con hombres como Jorge De Frutos o Morales, que buscará redimirse de sus intrascendentes actuaciones en el lugar donde, hace tres años, realizó una de sus mejores obras de arte en forma de gol