No ganó Cala. Ni Manuel Vizcaíno. Ni el Cádiz. Perdió el deporte y perdió el fútbol. Perdimos todos. Y no porque Competición archivara el expediente de Cala por falta de pruebas. La gran derrota del 'caso Diakhaby' es que no fue capaz de reformar las leyes. Era urgente cambiar la norma. Era una obligación social luchar contra la lacra del racismo, por fin, con más hechos que palabras. Era una oportunidad perfecta y acabó siendo una oportunidad perdida. Las autoridades deportivas que rigen (por decir algo) el fútbol no activaron un protocolo de actuación para proceder de forma distinta en incidentes similares. El gran triunfo de ‘caso Diakhaby’ era que esta temporada arrancara con una nueva normativa.

Por desgracia, no fue así. Si hoy pasara algo igual, el presunto agredido sería otra vez quien debería decidir si se reanuda o no el partido bajo la amenaza de ser sancionado por la RFEF. Cada día que pasa es más incomprensible. La víctima sigue indefensa. Siete meses después, ‘Diaka’ vuelve a Cádiz. Lo mejor para el francés y para todos, como bien dijo Bordalás, es dar normalidad a su visita. Hoy Mouctar es un futbolista del Valencia más. Solo eso. Seguro (ojalá) que el ‘viejo’ Carranza hoy dé una lección a muchos.