Lo dijo Gayà pero lo pensamos todos. El capitán, que en su regreso al equipo marcó un golazo, no tuvo ningún pelo en la lengua: «Pitan lo que quieren». Con o sin VAR, que para más inri ni entró a valorar la jugada. No hay por dónde coger el criterio arbitral. Menos aún el de ayer y eso que llovía sobre mojado. El Valencia otra vez pidiéndole limones a Gil Manzano, protagonista de un arbitraje casero coronado por un penalti del todo inexistente. En lugar de un despeje limpio a la pelota se señaló un golpe que no sintió ni Ansu Fati, delatado por su sonrisa tras tirarse a la piscina mientras Foulquier trataba de levantarlo. No hay manera. El 2-1 en un momento clave antes del descanso maniató al equipo de Bordalás, que mereciendo mucho más enganchó su quinta jornada sin ganar. Derrota con la cabeza alta a pesar del error fatal en el 3-1. 

Nervios

Después de 16 partidos, el Levante dejó su portería a cero. No fue mucho, pero sí lo mejor del estreno de Javi Pereira. Con el primer partido del nuevo entrenador, que solo lleva un puñado de sesiones, quedó claro que los cambios tienen que empezar por atrás. A partir de ahí, el paso adelante tanto a nivel físico como médico debe ser el siguiente junto a la consolidación de un nuevo entramado táctico. La actitud de los jugadores, con ejemplos como el del Pistolero Roger, dispuesto a haber jugado infiltrado, también va a ser fundamental para cambiar las cosas. Es del todo necesario que la grada vuelva a sentirse orgullosa de su equipo y eso pasa igualmente por evitar malentendidos con acciones como la del patrocinador principal. El cierre de convención anual en València con sus empleados, un fin de fiesta ajeno al club aunque se confundiera, dio pie a una situación grotesca en un Ciutat en estado inflamable y para pocas gaitas.