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Juanma Romero

Un partido sin chiste

Serio partido para el Levante ante una UD Las palmas que no está para bromas

El Levante afronta un partido que no es para bromas JM López

Aunque el mundo del fútbol mira a Qatar, el particular Mundial granota sigue su periplo en el Ciutat con un atractivo duelo ante Las Palmas. El paréntesis obligado por la Copa del Rey, que permitirá por cierto tener la oportunidad de ejecutar la vendetta deportiva contra el Andorra, se vuelve a cerrar un choque ante un rival, teóricamente directo, por el ascenso.

El cuadro insular marca ahora mismo el último puesto para retornar de manera directa a la máxima categoría. Esa delgada línea es de solo un punto y el domingo se tiene una gran oportunidad, con permiso del Burgos y de la diferencia de goles, de poder dormir en una zona en la que habría que asentarse hasta el final.

A tenor de las tendencias de los dos equipos el favoritismo del Levante es un hecho objetivo. Con cinco triunfos en los últimos seis partidos, el cuadro de Calleja debe estirar sí o sí la inercia positiva con el añadido de haber contado con casi dos semanas plenas de acumulación de trabajo y didáctica con el preparador madrileño. Las Palmas llega con alguna duda. Tres jornadas seguidas sin ganar le han hecho bajarse algo del globo que había tomado tras abrirse el campeonato. La propuesta atractiva de García Pimienta se ha topado de lleno con la crudeza de una categoría que no entiende de fútbol de salón, champagne o delicatessen. No hay que mirar mucho más lejos para entenderlo.

Aunque la historia sirve para bien poco, la última fotografía que nos dejó el encuentro entre los dos equipos es difícil de olvidar. Aquel gol de Campaña en 2018 certificó una trabajada permanencia que condenó a los amarillos a una categoría de la que no han podido escapar. Para los que sumamos experiencia, que no edad, esa cierta rivalidad ante Las Palmas nos lleva a los míticos y encarnizados partidos de promoción de ascenso a la Segunda División de los años 90. En mi memoria aún perdura la del año 94 cuando en un grupo, que ahora se denominaría de la muerte, el Levante quedó encuadrado con dos `cocos´, Las Palmas y Salamanca. En aquel momento tocó purga y asumir que no era el año. Un mito en el añejo Insular, Orlando Suárez, frustró en Orriols un ascenso que tenía hasta un tinte milagroso. Desde aquel momento ha habido de todo, pero lo mejor, es que el tan manido partido del chiste ha quedado en el olvido.

Y es que hay mucho en juego. Desde aquí y hasta el final del año el calendario presenta tres partidos frente a rivales angustiados por la amenaza del descenso y otros tres, contando el de este domingo, ante equipos que están adheridos a la zona noble. Una prueba de nota que va a calibrar de manera fidedigna el poder de autoridad del Levante en la categoría. Con un recibimiento previsto, el Ciutat ha de ser ese reducto en que los nervios y las dudas sean para los visitantes. El calor y el ánimo para los nuestros.

Precisamente también antes de que acabe el año llegará la Junta General de Accionistas. Sin el acento de ser un examen para Quico Catalán, la ausencia de ventas dentro del ejercicio van a provocar una presentación de cuentas con el déficit como traje. Un mercado agreste y la apuesta por conformar un bloque ambicioso han propiciado apostar por un año en lo que lo deportivo debe arreglar ese desajuste en las arcas. El valor sentimental frente a la implacable ola de la gestión, el corazón frente al euro, un ascenso contra la amenaza de la incertidumbre del futuro. Mucho en juego.

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