Ha tenido que esperar 150 grandes premios y recorrer un camino complicado: desde su inicio en la órbita Red Bull, con una salida nada amistosa, pasando fugazmente por Renault, hasta rozar la victoria con McLaren para aterrizar finalmente en Ferrari. Y qué mejor escenario para Carlos que Silverstone, donde los del cavallino lograran su primera victoria en la Fórmula 1 hace más de 70 años.

Fue un momentazo volver a escuchar el himno, pero no debemos olvidar que para el triunfo de Sainz, además de sus manos y su cabeza, se han tenido que alinear muchos astros. Carlos que el pasado año, el de su debut, mantuvo a raya a Leclerc, sigue peleándose con el coche de 2022 y hasta su padre lo reconocía abiertamente antes de la salida. Este fin de semana la fortuna se alió con él cuando, después de bailar sobre la mojada pista el sábado, la lluvia vino a impedir que Verstappen le levantara la pole. Y en el momento decisivo de la carrera fue su Ferrari el que entró a por gomas frescas durante el coche de seguridad. Leclerc no tuvo esa opción, ya que hubiera perdido el liderato sí o sí.

Y fue en esas últimas vueltas en las que Sainz tenía que superar el mayor de sus escollos: convencer al muro de Ferrari de que Leclerc dejara pista libre al madrileño. Charles, con el alerón delantero dañado toda la carrera, fue tan rápido o más que el español gracias al DRS de Carlos. Para Binotto la decisión era de susto o muerte: dejar pasar a Carlos podía darle la victoria, pero supondría que Leclerc recortaría menos distancia a un Verstappen que se arrastraba por la pista con un dañado Red Bull.

Sainz abría una espita que en el pasado ha escrito la historia de este deporte: Ferrari luchando contra Ferrari. El lema #essereFerrari parecía no importar al monegasco que se resistía a ceder cuando su compañero le lanzó el coche sin miedo hasta levantarle el liderato.

Hay que tener tacto, arrojo y nervios de acero para decirle a tu jefe a más de 300 kilómetros por hora “No inventes”, cuando le pedían no agobiar a Leclerc en la relanzada. Ferrari debe tener claro que sin esa actitud del español, ni hubiera tocado el párroco las campanas en Maranello, ni hubiera habido trofeo en las vitrinas de la fábrica. Carlos ganó con Ferrari peleando con Ferrari. Cuando domestique el rebote de su coche empezaremos a soñar con títulos: en Silverstone ha comenzado ese camino.